“no es que no vuelva porque te he olvidado, es que perdí el camino de regreso… “
( Joan Manuel Serrat)

Mi anterior nota fue sobre Curanilahue y mis recuerdos de la lluvia. Resultó una especie de  premonición : un par de semanas después abordé el bus  a Curanilahue, invitado por la Municipalidad para recibir un reconocimiento ,  junto a otros ciudadanos  , en la celebración  del CENTENARIO de la comuna. Así es que de pronto estaba allá, mirando cómo desfilaban debajo de la llovizna pertinaz los estudiantes, los bomberos,  la cruz roja y algunos destacamentos  militares invitados para la ocasión. Luego fuimos al gimnasio de una escuela para  el acto central.  Amablemente nos ubicaron en un sector destacado del gimnasio donde  esperamos pacientemente que se nos nombrara para subir al escenario y recibir  las medallas  en medio de  aplausos cariñosos  Terminado el acto fuimos al sindicato de trabajadores  del carbón para compartir en torno de unas mesas  generosas y disfrutar de una  exposición de fotos y pinturas alusivas a la historia de la comuna. No recuerdo bien a cuánta gente saludé. Muchas personas se acercaron  para  extenderme su mano o darme un abrazo  mientras mi cerebro hacía los esfuerzos para encontrar en algún pliegue de la memoria el nombre  de cada una o la circunstancias  de nuestra relación .  No estuvo tan  mal el ejercicio, considerando que  hace doce años  me fui de Curanilahue y que sólo he tenido algunos regresos furtivos . ¿Quién iba a decir, hace menos de un mes, que iba a estar de nuevo en Curanilahue, con tanta gente conocida y estimada, y debajo de aquel amado cielo lluvioso . “ Es unas coincidencia”, dirán algunos,  y yo diré, ahora que he vivido más, “no existen las coincidencias”.

 

Entre los homenajeados desfilaron  rostros conocidos: la Sra. Sonia, mi profesora de Kinder, con quien estoy en esta foto, Don Ramón , Don Arturo  y otros viejos que sobrevivieron a la generación de mis padres;  hijos que representaron a sus padres fallecidos , el joven  campeón sudamericano nacional de levantamiento de pesas,  el excampeón de box, Chifeo Mendoza ;  Carmen, en representación de su hijo Nhassim, destacado contrabajista de la orquesta juvenil de Curanilahue que desde hace 4 años forma parte de la  orquesta  filarmónica de Berlín , rostros de sencillos dirigentes vecinales, rostros y más rostros que me atrapaban cada vez más en el pasado. En la primera fila, las autoridades del pueblo y de la zona: parlamentarios, gobernadora, alcalde y concejales, prácticamente todos  de la UDI   ¿En qué momento se dio vueltas la tortilla? Cuando me fui  de allí  todo estaba al revés, no había nadie de la UDI.  Bien decían los sabios que algún día  la concertación y la derecha  se alternarían en el poder. “Derecha e izquierda unida, jamás serán vencidas”, dice un verso del antipoeta.  Al final del acto, el coro  cerró con el himno a Curanilahue y el locutor hizo  mención a mi autoría. Empecé a acordarme de aquella historia olvidada : eran los difíciles ’80 ; las autoridades eran  elegidas a dedo, generalmente venían de afuera,  y no miraban con simpatía a quienes pensaban diferente de la corriente oficial. Pero una administración de aquellas quiso ser más democrática e hizo una invitación abierta a participar en un concurso para dotar a la comuna de un himno . Participé en el concurso a sabiendas de  que si lo ganaba, jamás me  concederían el premio,  pero con la convicción que tenía que hacerlo . Un tiempo después me encontré con un joven que había sido alumno mío  y que ahora formaba parte  de aquel jurado. No pudo resistir la tentación de decirme en secreto que yo sería el ganador, porque a todos los miembros del jurado le había gustado aquel himno. Esperé pacientemente que la Municipalidad informara el resultado del concurso, pero pasaban los meses y no lo hacía. Me animé a  ir por las oficinas hasta encontrar a un antiguo compañero de curso que estaba a cargo del área desde donde se había organizado el concurso. Después de tiras y aflojas, y luego de hacerme jurar que no podría citarlo como fuente de información, me reconoció que al jurado le gustó aquel himno, pero que al abrir el sobre y conocer el nombre de su autor , habían  dicho : ”¿cómo le vamos a dar el premio a este tal por cuál , que no es de los nuestros?”.  Entonces  metieron los papeles a un cajón y le pusieron llave mientras urdían la excusa con la que darían por anulado el concurso. Naturalmente que el Alcalde estaba informado y participaba de aquella maniobra.  Le conté esto a Raquel y al cura Agustín Cabré, el que me ofreció las páginas del boletín que dirigía para denunciar el hecho y crear un escándalo de aquellos que le gustaban.  ¿Qué pasaría si reclamaba? Tenía miedo de que me dejaran sin trabajo . ¿Qué comerían mis hijos? -pensaba  , desde mi tendencia a dramatizar.  Después de unos días  Raquel me dijo “haz lo que debas hacer y no te preocupes por nosotros, que si tenemos que comer mierda, lo haremos “  ( Bueno, no es que me lo dijera así, exactamente,  pero era,  más o menos , lo   que habríamos tenido que comer si me echaban )    Envalentonado por su apoyo , me presenté a reclamar. Fui de oficina en oficina hasta que llegué a la del Alcalde. Me dijo que no tenía idea de qué le estaba hablando, hizo como que no  recordaba el asunto del concurso, pidió antecedentes por citófono y  me señaló que  entendía mi interés  por el  dinero del  premio (algo así como $500.000) . Siguió hablando de la falta de lealtad, de la ingratitud, de cómo yo andaba  hablando , escribiendo y cantando en contra del sistema, etc.  Por fin, cuando pude hablar, el ambiente ya estaba tenso y no podía retroceder. Le dije que  estaba allí por el honor que conllevaba el premio, ya que  cuando él y las otras autoridades nombradas a dedo tuvieran que irse de esos cargos, y pasaran  los años, nadie se acordaría de ellos, en cambio mi nombre quedaría atado a la historia de mi comuna a través de aquel himno.  Salí de su oficina con la sensación de haber quedado cesante y con un papel que decía “recibí conforme de parte de la Municipalidad la suma de $500.000”.   No perdí mi trabajo, y podría decir que a partir de entonces   nunca más me molestaron desde  la Municipalidad.  El himno fue  reconocido, aunque se le quitó una estrofa , y  el profesor Oscar Garcés le puso la música y   empezó a interpretarlo con el Coro del Magisterio.  Ahora, un montón de años después, estábamos escuchando aquel  himno olvidado mientras en la otra fila de enfrente, también con medallas de honor,  y entre las autoridades, había un par de rostros protagonistas  de aquella historia. Lejos de irse a sus casas  , habían permanecido enquistados en los centros del poder y ahora accedían a los cargos mediante el voto popular. “Así es la vida, así es la democracia”, dijo alguien por ahí.

 

Desde una de las mesas en que comparten el cóctel del Centenario, se me acerca una mujer, sonriendo, se quita unas migas de la comisura de los labios y me pregunta –mientras yo intento recordar  quién habría sido esa apoderada :

– Hola, profe, ¿se acuerda  de mí? Usted siempre me ponía malas notas

-Madre mía -me digo,  si ésta fue mi alumna, entonces cómo estaré yo de viejo…

Otra mujer, más joven y de ojos sonrientes, me pregunta  si me acuerdo de ella. Le digo que sí, pero que no  recuerdo su nombre. Se decepciona  un poco y me dice  que se llama Jéssica y que estuvo en la radio del liceo y en el centro de alumnos cuando yo era Director. De inmediato puedo verla dando vueltas inquietas  por el patio del liceo, con su uniforme y su pelo largo, entrevistando a las visitas  que empezaron a llegar al liceo en aquellos años y en las reuniones con autoridades, representando a sus compañeros.   Pienso que no tiene  idea de lo mucho que aportó, tanto ella como otros jóvenes de esos años, a que cambiáramos el liceo y con ello pudiéramos darle mejores oportunidades  a los miles  de estudiantes  que han pasado desde entonces por sus aulas. No se puede mejorar un liceo sin los jóvenes, pues ellos son los protagonistas de ese espacio educativo. Un  hombre joven y fornido me palmotea; es Juanito,  un  ex compañero de escuela  de mi hijo mayor y  entrenador de la selección de Halterofilia que goza de gran prestigio a nivel nacional y sudamericano. Desde el coro me saluda , con señas , la profesora de mi hijo menor, Alicia, y le envía saludos .  Gente que aún trabaja en la Municipalidad me pregunta por Raquel y me dicen que la echan de menos en el trabajo con mujeres.  Otros me preguntan por mi hija, que también alcanzó a trabajar un par de años en el pueblo antes de irse a Santiago. Se me acerca un grupo de personas que tienen toda la pinta de dirigentes sociales: “Don Pancho, somos de  la Directiva de apoderados del Liceo y estamos gestionando un proyecto para crear un centro de formación técnica en Curanilahue.  Queremos que usted nos ayude  desde Santiago,  le podemos mandar  los antecedentes  por correo y usted le pega una arregladita”.  Me entrevista, a la pasada, un par de  medios locales, uno de ellos me es conocido  porque fui uno de sus fundadores. Me entrevista un exalumno  que ahora reportea  y que en aquel tiempo llegaba a las siete de la mañana para iniciar las transmisiones con la  música a de VANGELIS que la hizo característica (carros de fuego). Compruebo que todavía tienen buena audiencia, porque  unos minutos después aparece una ex – apoderada  que me dice “Don Pancho, yo no vengo a estos actos, usted sabe por qué, pero cuando lo escuché en la radio , me cambié de ropas y  vine a saludarlo”.

Le digo a Fernando,  mi hermano , que me ha estado acompañando todo el día y tomando fotos para el recuerdo, que  nos retiremos porque debo llegar a Concepción para continuar mi viaje s Santiago, mañana tengo una reunión a las 9:00 hrs.  Vamos a comer un sándwich a un restaurant que no conocía y que está en un hotel nuevo, en la plaza. Gran local, ya no los construyen como antes, se nota que ahora hay otros conceptos, otros estándares, otros recursos ; hasta tienen un chef. En mi época los mismos dueños preparaban los sándwich, y a veces nos dejaban sentados, esperando, mientras iban a la carnicería de enfrente a comprar carne o a  buscar algunos tomates  en las verdulerías para atender la demanda.  Pasamos por el nuevo edificio municipal, a punto de ser terminado y entregado . Me subo al bus , al lado de la ventanilla, y al pasar el puente veo cómo se yergue, impactante, el nuevo edificio del liceo, que posiblemente será entregado antes de que termine el año. Será uno de los liceos más impresionantes del país, muy bien equipado y con espacios adecuados para el desarrollo de los jóvenes. Hay muchísimo dinero puesto en ese proyecto  y también muchísimas expectativas. El bus sale del pueblo bamboleándose  debido a los arreglos que hay en la ruta y que después de tantos años permitirá  contar con  una doble vía hasta Concepción. El vidrio  se empaña por la llovizna y  la  oscuridad  comienza a caer sobre el camino; trato de acomodarme para dormir, pero no puedo.

 

 

2 comentarios

José Cisterna
 1 

Pancho, qué regalo leer tus sensaciones y emociones. Estoy en el trabajo. Te prometo que intenté no emocionarme. Pero aquí estoy,entregado a mi sensibilidad y mis recuerdos: tu guitarra, tu voz, tu poesía, tus palabras. Te recuerdo mirando, por segundos, por la ventana de una sala de clases. Yo sabía que después de esa conexión con el silencio, venía una nueva enseñanza de vida. Cuánto aprendizaje compartiste. Cuánta generosidad entregaste. Todo tu amor a las personas, a Curanilahue es lo que hace que pasen los años y la gente te recuerde con tanto cariño y agradecimiento. El amor incondicional y generoso no se olvida, ni con 12 inviernos. Eso no se olvida. Un gran abrazo. Cariños a Raquel.

agosto 16th, 2013 at 13:54
juanito
 2 

jejej increíblemente, me emociona y alegra leer sus escritos, los encontre de casualidad, y espero que sea que la casualidad no existe, espero ansioso ver que nos depara el destino, un abrazo apretado a todos los suyos…..

marzo 13th, 2018 at 2:48

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