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Francisco Ruiz Burdiles
6
Dic

APOCALIPSIS

Categoría: Sin categoría

               Y he aquí que miré

Y vi que los cerros ardían

Al mismo tiempo oí

A los bosques de Nahuelbuta

Retumbar,

Humeantes,

Guarda

A

B

A

J

O

 

 

 

 

 

inc-2

otono

Los árboles de Pritchartt Park

viven el último otoño del milenio.

Sobre sus descoloridas ruinas

se pasean alegres las ardillas

y trepan las semidesnudas ramas

bajo la mirada altiva de los cuervos.

 

Las hojas planean en el helado viento

como doradas  monedas

antes de caer muertas

al pavimento

 

En el cielo oscurecido 

todavía centellean

los fuegos artificiales

encendidos en honor al héroe

que quiso quemar el parlamento;

y los británicos se disponen a guardar silencio

por los caídos en la  segunda guerra.

 

  

Entretanto   saco  cuentas

de la diferencia horaria,

concluyendo que a esta hora,

vienes regresando de la escuela

bajo el sol azul  de la primavera,

pateando una lata vacía de cocacola

que algún adulto del pueblo

lanzó al camino.

 

 

15
Nov

ESPACIOS

Categoría: Sin categoría

 

Hay espacios diminutos,

Finísimas grietas por donde la felicidad

Se desliza como la sombra de cien tigres,

Y el viento resbala cabalgaduras

De algas definitivamente podridas.

Hendiduras mínimas

Donde se atropellan desesperadas osamentas

Cuyos cuerpos no querían morir

 

 

Hay pequeñitos espacios

Como estaciones antiguas

Donde los trenes dejaron  para siempre

Un olor a humedad y espesura

Un silbato de lobos

Despedazándose en el eco

 

Hay una grieta finísima

Por donde se descuelga

El hilo umbilical de una sonrisa

Aunque la amenace

Una ráfaga de infierno

 

estacion-de-curanilahue

Hace quince años, el Liceo Mariano Latorre de Curanilahue y su orquesta de niños era uno de los símbolos de los logros de la educación pública. Hoy, su ex director Francisco Ruiz es escéptico frente a las reformas planteadas por Michelle Bachelet: dice que la lucha entre educación pública y educación privada ha dejado atrás temas más relevantes en cuanto a la calidad.

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© Javier Valenzuela REVISTA QUE PASA

” Cuando en 1995 Ruiz llegó al Liceo Mariano Latorre, empezó a pensar en cómo aprovechar las habilidades de los alumnos. Se le ocurrió una idea: podían utilizar los recursos de la escuela y los vínculos con empresas locales para fabricar y vender productos.
Fue hace quince años, pero Francisco Ruiz recuerda el encuentro que le cambió la vida como si ocurriera hoy. Habla de un día lluvioso de 1999 en el Liceo Mariano Latorre de Curanilahue, donde él era director, y al que llegaron de visita el entonces candidato de la Concertación Ricardo Lagos y su esposa, Luisa Durán. Frente a ellos, en una pequeña sala, estaba una orquesta de niños, elegidos no por sus habilidades musicales, sino por sus ganas de aprender.

El resultado fue conmovedor, con Luisa Durán emocionada hasta las lágrimas y Lagos prometiéndoles a los niños que si salía electo presidente, llevaría a la orquesta hasta Santiago para tocar en su gala del cambio de mando. “Me acuerdo que entró, vio a todos los chiquillos, y conversamos que en su gobierno le iba a dar gran importancia al tema cultural”, recuerda hoy el director. Unos meses después, en marzo de 2000, los vecinos de Curanilahue se congregaban para seguir en directo en una pantalla gigante el evento que tenía a sus hijos como protagonistas. Y al entonces director se le grababa una frase del presidente: “Si esto es posible, entonces podemos hacer muchas cosas”.

Quince años después de ser puesto como uno de los ejemplos y símbolos de lo que la educación pública podía conseguir, el mensaje de Ruiz hoy es distinto. A fines de septiembre, el ex director -quien hoy es consultor educacional y trabaja en la Fundación Chile- fue invitado a exponer a Icare sobre su experiencia en Curanilahue. Y su reflexión fue sorpresiva: planteó que, tal como está la reforma educacional, muchas de las cosas que hizo en Curanilahue serían imposibles.

Aun cuando está convencido de la importancia de reformar la educación y de la necesidad de que esos cambios sean urgentes, su voz plantea un mensaje de alerta sobre los objetivos que pueden tener esos cambios y las prioridades que se están manejando. “Hay tantas cosas que hacer, y no necesariamente las cosas que se están haciendo van a impactar en la educación”, plantea.

UNA EMPRESA PARA UN SUEÑO
Cuando en 1995 Ruiz llegó al Liceo Mariano Latorre, rápidamente empezó a pensar en cómo aprovechar las habilidades de los alumnos. En medio del proceso, se le ocurrió una idea: podían utilizar los recursos de la escuela y los vínculos con empresas locales para fabricar y vender productos, como elaborar maderas para la construcción. Después de unos meses de prueba, se decidió a pedir ayuda para crear una pequeña empresa al interior del lugar, que al poco tiempo dejó ganancias por los trabajos y que, además, le permitía postular a fondos adicionales, como el Fosis. “Pero cuando nos transformamos en pequeña empresa fue porque los niños no tenían cómo aprender. No había recursos y si no, no teníamos cómo educar”, señala.

Fue entonces cuando se decidió a realizar el sueño que tenía: educar a los niños de la escuela a través de la música. El resto de la historia es conocida: el colegio tomó a todos los interesados entre 9 y 13 años, su caso se hizo famoso en Chile y a nivel internacional, el grupo viajó a presentarse a lugares como Alemania y su ejemplo inspiró a Luisa Durán para impulsar la Fundación de Orquestas Juveniles. El éxito de la escuela puso a Curanilahue en el mapa como un lugar emblemático, e incluso inspiró análisis y estudios de otro tipo, como el que comprobó que la primera generación de alumnos de la orquesta obtenía en promedio 200 puntos más en la PSU que sus compañeros de colegio.

Pero, de acuerdo a Ruiz, ese modelo de gestión no se podría haber realizado en el que se está proponiendo actualmente. “En Curanilahue iniciamos actividades económicas en el liceo: generamos pequeñas unidades productivas que nos permitieron producir y vender, obteniendo ingresos para mejorar las condiciones en que estudiaban nuestros alumnos. Así pudimos comprar insumos y poner en funcionamiento los talleres, dado que el municipio no tenía los recursos necesarios”, relata. “A la luz de la reforma actual, es impensado que un establecimiento pueda estar vendiendo y generando utilidades, pues sería visto como una actividad con fines de lucro”.

LA NUEVA FILOSOFÍA
Ruiz está de acuerdo con muchos de los puntos que el gobierno ha planteado en la discusión, como terminar con el copago y la selección, así como definir parámetros para que quienes tienen colegios no puedan retirar utilidades excesivas. “Eso va a permitir una educación más inclusiva”, dice. Y también plantea que en los últimos años el Simce se ha convertido en una “camisa de fuerza” para los colegios, obligándolos a cumplir con contenidos que no siempre son relevantes o atingentes para los alumnos. “La educación es lo más impositiva que hay, y lo que les enseñan a los niños dista mucho de lo que viven diariamente”, asegura.

Sin embargo, para él lo complejo es que la discusión en algún momento giró a una oposición entre la educación pública y la privada, entendiendo a ésta como los colegios particulares subvencionados. “Es un debate inútil e ideologizado. No veo incompatibilidad si se norma con claridad y se supervisa adecuadamente”, es su mirada. “Hoy hay una filosofía del no al lucro en educación. Eso tiñe todo y hace que nadie quiera asumir responsabilidades”.

El análisis de Ruiz es que la propuesta actual de reforma no entrega suficientes herramientas a los primeros y levanta muchas dudas a los otros, sin parámetros de calidad. “Es un escenario confuso, porque no estaba claro desde el comienzo del gobierno lo que se pretendía hacer. La falta de información clara y oportuna generó confusión y temores en muchas familias, que creen que el gobierno busca coartar las libertades personales”, señala.

El ex director dice que, para él, el concepto es que todos los establecimientos que reciben fondos públicos entregan educación pública. Por eso, sostiene, no vale la pena contraponer ambos mundos, sino que buscar una coordinación. “Conozco cientos de escuelas y liceos municipales que debieran haberse cerrado hace años por el pésimo servicio que prestan y por el poco respeto hacia los niños y jóvenes, generalmente los más pobres”, asegura. “Y he visto, por otro lado, muchas escuelas y liceos particulares subvencionados que hacen un trabajo extraordinario a los cuales se les debería solicitar que se hicieran cargo de más establecimientos, naturalmente que dentro de una normativa que prohíba ganancias desmesuradas, porque también he visto sostenedores privados que viven como reyes lucrando con recursos fiscales”.

Pensando en su experiencia como director y consultor, Ruiz dice que si se quiere mejorar la educación chilena de fondo, las principales tareas son cambiar el modelo de formación y carrera docente e inyectar recursos y dar prioridad a los liceos técnicos. Para él, poner un foco claro es algo necesario después de que los últimos gobiernos inyectaran recursos a la educación, pero sin una orientación precisa. “Lo que han hecho los gobiernos es aumentar la plata, pero esto es como un saco sin fondo. Hay que afectar el sistema completo, pero mediante un programa que tenga etapas bien definidas”, es su reflexión. “No me imagino un proceso de cambios que tome menos de 20 años, pero para eso tendríamos que tener un proyecto país y no lo que tenemos ahora, que son iniciativas improvisadas que cada cuatro años se nos presentan como reformas, pero que, en años, no han reformado absolutamente nada”.

“Hay pequeñitos espacios

como estaciones antiguas

donde los trenes dejaron para siempre

un olor a humedad y espesura

un silbato de lobos

despedazándose en el eco “

(Espacios, en :  DE CUANDO MIRABAMOS)

Después de varios años en Santiago , y viajando constantemente al Norte desértico, he vivido una especie de “fiesta del verdor”, desde Contulmo hasta Lonquimay. Este último pueblo era punta de rieles el año que lo conocí. Mi hermano Fernando  nos tomó una foto a Raquel y a mí afirmados en una cerca. Entonces no pasábamos de los 25 y yo aparezco  reclinado en ella, muy confiado, mientras ella  aparece casi protectora.

lonquimay

Quiso el destino que de nuevo fuera Fernando quien nos tomara una foto ahora, casi 35 años después,   pero  donde  parece que  fuera ella quien descansa en mí : las imágenes no siempre cuentan las historias como han sido.

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MANZANAR tiene una estación  de ferrocarril maravillosa, que han intentado conservar como parte del patrimonio cultural y como testimonio de una época floreciente . cuando la zona bullía en un movimiento incesante de carga y descarga de maderas, animales, mercaderías y pasajeros al ritmo incesante de las locomotoras a vapor  y los pitazos que soltaban los maquinistas , algunos en clave para que sólo pudieran decifrarlos las enamoradas de cada ramal   .Un tiempo de frenesí, cuando las cuadrillas de trabajadores abrieron a puro ñeque  esa obra monumental que se llama túnel las raíces y que buscaba conectar a Chile con Argentina a través del paso fronterizo     PINO HACHADO.  Todo quedó en nada y después ya saben lo que pasó,  alguien dio la orden de desmantelar  el ferrocarril y dejar que el transporte  de buses y camiones  resolviera la necesidad:  “el mercado es cruel”, dijo alguien .

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Otras estaciones  de la zona, todavía en pie, permiten   caminar con nostalgia por sus andenes. ¿Hay algo más nostálgico que un andén semidesierto?  Recuerdo que en Curanilahue muchas personas iban de paseo a la estación   a la hora en que salía o llegaba el tren.  A  veces no tenían a quién ir a despedir o a recibir, pero iban, en una especie de romería,  y paseaban  o se sentaban  en unas bancas de madera y fierro  en el andén,  tal como lo hizo, en su apogeo, nuestro querido poeta Jorge Teillier:

Con un amigo espero la pasada

del Expreso de las 23,15

ese tren fugaz como botella de vino

en manos de mi amigo y yo.

(…)

mi amigo habla de una muchacha

a la que espera ver a la pasada del Expreso.

Yo no espero ver

sino esas sombras que recorren los cercos

No espero escuchar sino esos pasos

que vienen desde el aserradero incendiado.

No espero ver sino los pedazos de botella

que la luna hace brillar entre los rieles,

y no espero oír

sino los maullidos del gato perdido entre los geranios

llenos de hollín

que cuidara la hija enferma del guardacruzadas”.

 en : Los Trenes de la Noche

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Pero el color del viaje fue el verde, siempre el verde , en sus distintos tonos,como recién florecidos en la huerta;  y  el sonido fue el de las aguas , corriendo  atolondaradamente entre las piedras y las raíces, yéndose vertientes abajo, formando caudales  inmensos  que saltaban desde gran altura hacia los pozones y los ríos ;  el agua, cantando a todo pulmón, cruzando sombras y  trigales. De regreso, sin embargo, el fuego venía pisándonos los talones , comiéndose  los bosques y matorrales para vomitarlos después con un olor a chamusquina.

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Un viaje breve como para “mojarse los pies”, habría dicho mi viejo cuando  las vacaciones ya se terminaban  y no habíamos salido de la casa ; un viaje que me obliga a releer RANQUIL, de Eduardo Lomboy,  novela sobre uno de los últimos levantamientos en armas de campesinos pobres y mapuches  de Lonquimay y alrededores que terminó con una matanza por parte del Estado chileno en 1935.  Casi obsesionado por la lectura de aquella novela, que coincidió con mi primera visita al lugar, presioné a nuestro anfitrión, Don Raúl Catalán , para que me llevara a conocer los lugares mencionados en la novela y me contactara con algunos ancianos que habían sido protagonistas de los hechos. Así fue, pero no sé adónde fueron a dar los manuscritos de las entrevistas y mis notas.  Precisamente  a esos lugares voy caminando, en esta foto, junto a mis padres, a fines de los ’70.

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