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	<title>Francisco Ruiz Burdiles</title>
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		<title>UNA CALLE LARGA Y SIN PAVIMENTAR</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Dec 2011 16:07:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>francisco</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#160; &#160;  “No muevas  las piernas, Francisco” , dijo una voz,  pero  no pude ver el rostro del que hablaba  Volví a caer  en un sueño del que cada cierto tiempo retornaba sólo a medias. La voz estaba de nuevo reclamando porque movía las piernas. Ahora pude ver  su rostro, de perfil, mientras  escuchaba un  [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-family: Calibri;"><a href="http://www.franciscoruiz.cl/wp-content/uploads/2011/12/peke-co.jpg" rel="lightbox[727]"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-728" title="peke-co" src="http://www.franciscoruiz.cl/wp-content/uploads/2011/12/peke-co-150x150.jpg" alt="" width="132" height="116" /></a></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"> <span style="font-size: small;"><span style="font-family: Calibri;">“</span>N</span>o muevas  las piernas, Francisco” , dijo una voz,  pero  no pude ver el rostro del que hablaba  Volví a caer  en un sueño del que cada cierto tiempo retornaba sólo a medias. La voz estaba de nuevo reclamando porque movía las piernas. Ahora pude ver  su rostro, de perfil, mientras  escuchaba un  ruido como de cuchillería  rebotando en un tiesto de aluminio. “Te estoy operando y necesito que estés quieto”, dijo el Dr.  También vi otros cuerpos, otras piernas, porque mi enfoque  era raro, parecía estar tendido en el suelo. Volví a dormirme y durante el resto de mis retornos  pude  ver a mis hijos y a Raquel  sentados o de pie en una  habitación,  donde una película de luz que entraba por la  ventana me impedía enfocarlos con nitidez. Otras veces  había sólo uno de ellos o estaba Raquel, casi siempre pendientes de que despertara. Cada vez que abría los ojos sentía que me estaban mirando. Invariablemente la pregunta era la misma :”cómo te sientes?” ¿”qué necesitas?   . Les decía que estaba bien, pero que me dolía el pecho. Y era verdad, aunque ahora el dolor estaba focalizado en la zona del corazón, era más leve  y ya no estaba tan expandido.  El alivio era evidente comparado con la intensidad del dolor que había sentido en la madrugada, cuando desperté a las 00:3 , sintiendo que el pecho se me abrasaba desde la boca del estómago hacia los lados, incluyendo los brazos. Empecé a pasearme , a oscuras, mientras oprimía la zona alta del estómago para liberar los gases que me quemaban. Las otras veces que había sentido dolor,  anteriormente ,  la incomodidad desaparecía  después de unos quince minutos, aunque las últimas habían sido más dolorosas  y larga y yo intuía que vendría una mayor. Probé ponerme de todos los modos que la imaginación  me sugería. Levantaba mis brazos, me acostaba sobre el estómago, frotaba mi pecho con la mano derecha, respiraba hondo y mantenía la respiración… Había pasado una hora y empecé a sudar de un manera diferente. Literalmente estaba hecho sopa. Fui al baño y  me sequé la transpiración. Me miré al espejo y me asustó verme tan desencajado y pálido Tuve miedo de enfriarme y me cambié el pijama. Estaba sudando, nuevamente, pero tenía el cuerpo helado. Me puse una chaqueta y me senté en la cama. Entonces , en medio del dolor y del desfallecimiento, cuando ya habían pasado dos hora, apareció un rayo de lucidez que me hizo  despertar a Raquel y pedirle que me llevara  a urgencia.  A la entrada , un joven se acercó con una silla de ruedas, pero lo rechacé, estimando que ése servicio estaba para los enfermos graves y me fui caminando por los interminables pasillos. Ingresamos a urgencia y el médico de turno me dirigió un saludo, a la pasada; se lo devolví , levantando mi mano mientras ingresaba al box. Instantes más tarde, junto a mi camilla, mientras tomaba mis signos vitales me preguntó que de dónde nos conocíamos- “Del Francisco de Miranda”, le dije. “Tú eras apoderado y yo era el Director” . Lo recordaba como un apoderado joven que alguna vez lideró uno de los tantos reclamos, movimientos o pequeñas revoluciones de esas que se vivían con tanta frecuencia en aquel  micromundo. Intenté decirle  que mi problema era el estómago, un problema de aerofagia que me causaba dolores en el pecho y los brazos y que no podía ser el corazón, porque  yo no tenía nada en el corazón, me había hecho exámenes y hasta un test de esfuerzo a comienzos de año sin que apareciera nada raro. No me hicieron caso, la enfermera tomó un electrocardiograma y salió apresurada a ver al especialista  de turno. Llegaron otros médicos y dijeron que había que operarme, pues tenía  una arteria obstruida por un coágulo. No recuerdo bien lo que siguió, yo estaba tranquilo, relajado y, sobre todo, adormilado, de repente abría los ojos, pero tenía mucho sueño, me quedaba dormido y luego despertaba. “No muevas las piernas, por favor, que te estoy operando” La voz del médico era amable, pero imperativa.  Supuse que habían dejado sobre mis piernas  los instrumentos con que me operaban y que mis movimientos podían tirarlos al suelo, pero volvía a cruzar mis piernas sin poder evitarlo y sentía el ruido de cuchillos rebotando al interior de un tiesto metálico.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">“Soy el médico que lo operó, el que le salvó la vida”, dijo, mientras me tomaba el pulso, pero yo volví a dormirme, tal vez uno o dos segundos. La luz  me impedía ver el rostro del médico. A su lado mis hijos lo escuchaban atentamente.  “Una arteria estaba sana, pero la segunda  estaba totalmente destruida y la tercera estaba obstruida con un coágulo, así que  ingresé a la arteria , eliminé el coágulo y le dejé instalado un stent, de los más modernos …”. Nada de lo que escuchaba , sentía o veía me sacaba de la modorra apacible;  sentía , incluso, una especie de indiferencia por todo lo que ocurría a mi alrededor. Mi cuerpo estaba ahora un poco más tibio. Imaginé a mi hijo mayor, escuchando calladamente al Doctor y pensando en la muerte, como en una calle desolada, en las afueras de Curanilahue, una calle  larga  y sin pavimentar;  a mi esposa, diciéndole al médico que , efectivamente, yo estaba allí por ser un porfiado y por mi afición al trabajo; a mi hija, escuchando  con agradecimiento al médico y tratando de olvidar esa imagen  de espanto de su padre , al salir de la operación, con una palidez de muerto; a  mi hijo menor,  el más iconoclasta, escuchando las explicaciones del médico y diciéndose “tengo razón yo, cuando digo que estos huevones son todos unos pasados a caca, se creen dioses”. Volví a caer en el sueño hasta que , horas más tarde, salí  definitivamente del sopor y pude  conversar, responder a las preguntas y decirles que estaba bien, que los dolores estaban desapareciendo, que no se preocuparan, que estaba todo bien. Se acercaba el final del día, mi familia debía abandonar el cuarto de cuidados intensivos, las enfermeras debían darme el sinfín de tabletas y yo debía pasar la primera  noche de una larga semana en la clínica.</p>
<p style="text-align: justify;"> “Soy la persona que lo pondrá de pie, aquí”. El kinesiólogo me dio la mano para ayudarme. Me puse de pie y me dirigí a la silla. Sobre la mesa había un par de libros que me habían traído para hacer menos  pesada la espera.  “Así que lee a Borges”, me dijo, hojeando el libro.  “Prácticamente  no lo leo, apenas sus relatos de compadritos, bandidos y cosas así,  todo lo demás me aburre”, le respondí.  A partir de allí la participación del kinesiólogo, que saldrá  en la factura como rehabilitación del paciente, se transformó en un par de agradables caminatas por los pasillos de la sección cardiovascular  mientras conversábamos   sobre nuestros gustos literarios, que en materia de poesía  incluían a Teillier, por parte del enfermo, a  Juvencio Valle, Hann, Zurita y una decena más por parte del especialista . “Ese Rojas me fascina”, dijo, y yo recordé a Rojas, leyéndonos poemas en la provincia de Arauco, mitad deidad, mitad hombre. Imposible saltarse a Parra y su  reciente premio literario. Mientras me toma el pulso y la presión para ver cómo anduve en mis primeros esfuerzos, comienzo  gradualmente a estar consciente de mi situación, y recuerdo un antipoema de Parra que solía escribir  a mis alumnos , en esos  grandes pizarrones, con tiza blanca, en Curanilahue:</p>
<p><strong> “ Socorro</strong></p>
<p><em>No sé cómo he venido a parar aquí:</em></p>
<p><em>Yo corría feliz y contento</em><br />
<em>Con el sombrero en la mano derecha</em><br />
<em>Tras una mariposa fosforescente </em><br />
<em>Que me volvía loco de dicha </em></p>
<p><em>Cuando de pronto zas un tropezón<br />
Y no sé qué pasó con el jardín<br />
El panorama cambió totalmente:<br />
Estoy sangrando por boca y narices.</em></p>
<p><em>Realmente no sé lo que pasó<br />
Sálvenme de una vez</em></p>
<p><em>O dispárenme un tiro en la nuca” .</em></p>
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		<title>UNA MUJER SOLA EN EL PARQUE SOLO</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Oct 2011 14:02:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>francisco</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[    Pese a que hay menos tráfico , por lo del fin de semana festivo, cruzo con cuidado la calle ; nunca se sabe, a las nueve de la mañana  todavía pueden ir algunos  conductores ebrios de regreso a sus casas,  nunca se sabe, me repito casi mecánicamente  mientras  Harry tironea la cadena para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"> <img src="http://www.franciscoruiz.cl/wp-content/uploads/2011/10/mujer-sola-11-150x141.jpg" alt="" width="213" height="166" /></p>
<p> </p>
<p style="text-align: justify;"><a title="mujer sola 1" rel="lightbox[714]" href="http://www.franciscoruiz.cl/wp-content/uploads/2011/10/mujer-sola-11.jpg"></a></p>
<p style="text-align: justify;">Pese a que hay menos tráfico , por lo del fin de semana festivo, cruzo con cuidado la calle ; nunca se sabe, a las nueve de la mañana  todavía pueden ir algunos  conductores ebrios de regreso a sus casas,  nunca se sabe, me repito casi mecánicamente  mientras  Harry tironea la cadena para apurarme . Ha reconocido   la reja  verde que cubre la entrada al parque  y quiere que lo  deje  corretear  libre por aquel lugar fantástico lleno de pasto, árboles y, sobre todo, huellas de otros animales que él puede olfatear por aquí y allá como un verdadero sabueso.  Antes de soltarlo miro hacia adentro del parque, he desarrollado cierta habilidad para detectar la presencia de otros perros  con los que Harry podría entreverarse . Cuando  era pequeño, por temor a que los grandes lo mordieran ; ahora que es grande, por temor a que muerda a los más pequeños. Ya he pasado malos ratos por esta actitud suya de irse,  como un león sobre su presa  , encima de cuánto perro ve a su alcance, especialmente si son pequeños y lanudos, sin importar si sus propietarios los llevan de una correa, los suben a sus brazos o los  protegen a patadas. Haciendo honor a su nombre,  &#8221;Harry, el sucio&#8221;,  hace castañetear sus colmillos como si se los fuera a comer vivos, mostrando  su naturaleza de  perro callejero, bravucón y asesino. Así que me agacho un poco para soltarlo y es   entonces cuando  veo a la mujer  sentada en el primer banco  del parque. Es una mujer  de unos sesenta años que viste  con la elegancia  de la gente de escasos recursos en un día festivo.  A simple vista parece  una mujer que  iba pasando por fuera del parque y  se detuvo a descansar , aprovechando la sombra de los inmensos árboles de este parque . Al pasar a su lado  veo que ha dejado a sus pies dos bolsas plásticas  con víveres desde donde asoma una marraqueta de pan y una bebida . No son bolsas de supermercado, me digo,  sino de esas que dan en los negocios de barrios que hacen su agosto en estos días en que los supermercados están obligados a permanecer cerrados. Harry tiene arrimada su pata trasera a la base del tronco de un jacarandá y se dispone a marcar allí su territorio, después saldrá disparado as olisquear el pasto  del parque en busca de   otras presencias invisibles para mí. Yo camino detrás, buscando los senderos con sombra mientras voy  cimbrando la correa al compás de mi caminata. Este es  el momento de la vigilia, si aparece un perro más pequeño en el horizonte le doy un silbido  y lo llamo para que venga a mi lado, así puedo detener su ataque y evitarme los improperios que me llegarán al primer descuido.  En todo caso el parque está solitario , como si los padres que pasean a sus hijos pequeños, los amos que pasean a sus perros, los ciclistas , los adoradores del sol, los enamorados, los solitarios,  los vagos y los jardineros estuvieran  durmiendo todavía. Recién me doy cuenta de que la  que la mujer estaba restregando un pañuelo  en sus ojos, por debajo de los lentes. Un ojo ,primero, luego el otro. Podría ser una afección alérgica, especialmente si estamos en un parque lleno de especies que han brotado  con fuerza bajo el ciclo de  otra primavera,  pero, no;  la forma en que sostenía el pañuelo doblado en cuatro partes sobre su ojo izquierdo , con la mano izquierda, mientras con  la derecha levantaba la montura de los anteojos , tenía un aire de suspiro profundo , un aire de desolación y, al mismo tiempo, de dignidad . Harry  me está esperando en la siguiente curva del parque. Debo reconocer que tiene sus cosas este quiltro, como esta costumbre de no adelantarse tanto, de esperarme  y no alejarse por su propia cuenta, aunque  , si fuera humano, su actitud podría traducirse en una especie de “ya, pues , h…, apúrate…”.  No se ven otros perros, por el momento, así que me relajo un poco. Entonces se me hacen más  nítidos el rostro y la apariencia de la mujer que estaba sentada en ese banco, a la  entrada del parque , como si a la pasada le hubiese tomado una foto y ahora estuviera revelándola. Puedo ver las bolsas  a sus pies, entre dos zapatones de color café, puedo percibir  su desamparo; sin embargo no creo que se  trate de alguien que vive sola, más bien creo que tiene un esposo y que en estas fiestas recibió la visita de parientes, sus hijos, posiblemente, que a esta hora aún duermen mientras ella ha salido a comprar  lo que necesita para preparar el desayuno y las comidas del día , debiendo llegar hasta este barrio, donde hay un par de locales comerciales  abiertos todos los días del año.  Allí compró , le entregaron las bolsas y emprendió el regreso, pero algo le acongojaba el alma y no ha podido más,  le pesaron los brazos y le temblaron las piernas; un suspiro, primero, luego otros y , más atrás, el quejido desde donde provino el sollozo. Se detuvo, con ambas bolsas colgando de sus brazos  inertes  y vio la reja verde  abierta, vio el parque solitario y vio aquella banca debajo de un gran olmo. Se sentó allí para dejar que el dolor encontrara un cauce y brotaran las lágrimas, abundantemente, como otras veces que ha tenido que llorar a solas, en su casa, porque esta pena no es nueva. Las dejó salir libremente, primero, las enjugó  con el dorso de su mano, después, y las detuvo, al final, con el pañuelo doblado, presionando  sobre cada ojo, como sellándolos. Así lo hace  cuando empieza a volver la calma, cuando la crisis  cede y ella recupera uno a uno los sentidos alborotados en el  llanto .  Restriega sus ojos y se acomoda los  lentes . No debe notarse que ha llorado, nadie, en su casa, sabrá que estuvo un rato estremecida por los sollozos y que sus lágrimas rodaron sobre el plástico de las bolsas  ; nadie, menos un extraño  como éste que viene ingresando al parque con un perro  y que la  queda mirando, un instante, como si la reconociera.</p>
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		<title>El movimiento estudiantil  y un nuevo verosímil social</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Sep 2011 22:19:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>francisco</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[    No  sabemos cómo va a  terminar este nuevo movimiento por la educación  pública . Temo que pueda  terminar como otros,  con   millones de dólares que aumentarán el presupuesto “histórico” y engrosarán la burocracia. Desde las demandas iniciales ,  concretas y cercanas de los estudiantes , hasta lo  que se está discutiendo hoy, existe un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h4> </h4>
<p><img id="rg_hi" src="http://t3.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQQM8vWZEDG_y0eVrGQ_TlVrDd6eC4f_pIMhTC6qUAfy21EZDkLmg" alt="" width="244" height="170" /></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">No  sabemos cómo va a  terminar este nuevo movimiento por la educación  pública . Temo que pueda  terminar como otros,  con   millones de dólares que aumentarán el presupuesto “histórico” y engrosarán la burocracia. Desde las demandas iniciales ,  concretas y cercanas de los estudiantes , hasta lo  que se está discutiendo hoy, existe un gran trecho, tan lleno de vericuetos que cualquiera podría perderse en ellos. Sin embargo lo que parece haber al final   del camino es un nuevo verosímil que se instala para comenzar a desmoronar un conjunto de slogans y verdades del modelo neoliberal que nos fue impuesto sin que pudiéramos decir ni &#8220;pío&#8221;  y que terminó de instalarse con nuestra propia complacencia  : la educación puede ser gratuita  . Y si la educación puede  –y debe-  ser gratuita, cuánto más la salud y otros  derechos ciudadanos básicos. Eso es lo que aparece al final y es, ciertamente, subversivo. Por eso mismo es que contagia, porque tiene aires revolucionarios.  ¡Qué gran  paradoja que haya sido el primer Ministro de Educación de este gobierno el que acuñó el término “revolución” para referirse  a los  cambios que pretendía hacer , partiendo por la multiplicación de liceos  emblemáticos, a fin de marcar la diferencia con los gobiernos anteriores en los que sólo hubo una “reforma”  educacional ¡</p>
<p style="text-align: justify;">El asunto se ha complicado y no es fácil de resolver. Mientras algunos buscan que ciertas cosas se deshagan para construirlas con un nuevo diseño, otros buscan hacer que parezca que se deshacen para que continúen  como estaban. Hay puntos que son claves y sobre los cuales es casi imposible que las partes lleguen a acuerdos que les satisfagan.</p>
<p style="text-align: justify;">De ser posible, por ahora, podríamos considerar un gran avance  contar con una educación superior, técnica y universitaria,  gratuita  para los más pobres y con aportes de acuerdo a sus ingresos económicos para los menos pobres y los ricos  . Con una educación , tanto de enseñanza media como superior sin fines de lucro y con un organismo que analice la situación de cada establecimiento en particular, cerrando aquellos que no debieran seguir  funcionando por sus malas prácticas pedagógicas. Respecto a la desmunicipalización, podría haber flexibilidad para permitir que aquellas municipalidades que lo han hecho bien y quieran continuar,  puedan hacerlo      , en tanto aquellas que lo han hecho mal  y/o   no quieran seguir adelante,  traspasen  la educación a organismos competentes, algunos de los cuales pueden ser privados, siempre que no tengan fines de lucro. No me imagino, por ahora, al MINEDUC a cargo de todos los establecimientos.<span id="more-663"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Pero el tema de fondo no es  ninguno de los anteriores. Aún si la  educación superior fuera gratis, las escuelas y liceos municipales  estuvieran a cargo del  MINEDUC y los establecimientos particulares subvencionados esuvieran impedidos de lucrar con la educación, ¿quién asegura que tendremos una educación de calidad?  Si no mejoramos la calidad, no tardaremos en reclamar, a coro, una educación alternativa a la “pública”, tal como miles de usuarios del Transantiago añoran las micros amarillas.  ¿Qué es calidad, en educación? Hace rato que debimos discutir este asunto y llegar a un consenso.   Todo lo que acordemos en aras de una mejor calidad no servirá de mucho si al sentarnos a dialogar cada cual  asocia este significante a un significado  diferente . Habría desde quiénes piensan  en   una educación que permita ganar más dinero al ingresar al mundo laboral  hasta otros  que piensan en una sólida formación de  conceptos y valores , pasando por quienes  esperan que mejoren los  resultados en las pruebas SIMCE y PSU ; tres visiones, a modo de ejemplo, muy distintas.   No habrá coherencia entre las necesidades y las medidas que se acuerden si no se ha discutido y acordado antes lo que entenderemos por calidad en educación. Personalmente lo único que tengo claro es que calidad no significa lo mismo en educación que  en la producción de bienes. No basta con que el consumidor esté satisfecho con el “producto”. Precisamente  en educación la calidad se refiere más a los procesos que a los resultados o productos.  El tema de fondo es la calidad, y cuando conversemos sobre ella tendremos que ver, necesariamente, qué se está enseñando en las salas de clases .¿ Este es el conjunto de saberes  del curriculum nacional  que requieren los niños y jóvenes para su formación, hoy en día?  Y, lo más importante y previo, ¿ qué tipo de persona queremos formar ? ¿Para qué? Porque si el Estado  -que somos todos los chilenos-  ha de financiar y orientar la educación que reciben los ciudadanos, debemos tener un poco más de claridad respecto del contenido de esa educación, es decir, del proyecto educativo que queremos para Chile.</p>
<p style="text-align: justify;">Un tema complejo, sin duda, pero apasionante, por algo es el gran tema que han tenido que vivir los últimos dos gobiernos sin siquiera advertir la fuerza con que les  reventaría, obligándolos a reescribir sus agendas.</p>
<p style="text-align: justify;"> Francisco Ruiz B.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Nueva novela de MIHOVILOVICH</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Sep 2011 21:56:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>francisco</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[  Grados de Referencia,   novela de búsqueda.  Autor: Juan Mihovilovich LOM Ediciones 2011-273 págs. GRADOS DE REFERENCIA  es  la última novela de Juan Mihovilovich,  publicada  recientemente por LOM ediciones y sobre la cual circulan ya algunos comentarios.  Varios de ellos le reconocen  cierta originalidad  al autor por insistir en una literatura   que ahonda en la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> </p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><img src="http://www.franciscoruiz.cl/wp-content/uploads/2011/09/Grados-de-referenciaaxd-150x150.png" alt="" /></span></p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Grados de Referencia,   novela de búsqueda.</span></p>
<p> <em>Autor: Juan Mihovilovich </em></p>
<p><em>LOM Ediciones 2011-273 págs.</em></p>
<p style="text-align: justify;">GRADOS DE REFERENCIA  es  la última novela de Juan Mihovilovich,  publicada  recientemente por LOM ediciones y sobre la cual circulan ya algunos comentarios.  Varios de ellos le reconocen  cierta originalidad  al autor por insistir en una literatura   que ahonda en la condición  humana, en la sicología de las personas y el sentido de la vida  sin haber transado a cambio de tener más lectores y fama. Respecto de  la novela,   coinciden  en que nos muestra  al  dictador que cada uno de nosotros lleva dentro, avalando una frase del propio narrador en las primeras páginas.</p>
<p style="text-align: justify;">GRADOS DE REFERENCIA no es  fácil de leer. Tiene una estructura atípica, donde no hay  diálogos ni personajes  que se desarrollen como en el común de las novelas.  Al igual que en su obra  anterior (DESENCIERRO),  el relato  se sostiene en una extensa  conversación entre el narrador y un supuesto receptor al que se  interpela  cada cierto tiempo con frases como   <em>“mire usted”,” ¿usted cree en la amistad?”  ,  “…querido amigo”</em>,  etc.  Esta actitud,  apostrófica, le permite al autor instalar a su personaje como  el único hablante, el que tiene  todas las ventajas de decir lo que quiere y  puede, además,  aclarar o profundizar a partir de hipotéticas preguntas del receptor. Las historias, noticias , personajes ,  episodios y  disquisiciones a que accedemos provienen únicamente  de ese hablante que nos cuenta partes de su vida, llevándonos por diferentes lugares  y tiempos,   teniendo siempre  a la Dictadura de Pinochet  como  oscuro telón de fondo . Allí convergen  seres y hechos, algunos endemoniados y tenebrosos, otros angélicos y luminosos. Sin embargo no es una novela de la dictadura. GRADOS DE REFERENCIA  es, fundamentalmente, una novela de <em>BUSQUEDA </em>que   recorre  permanentemente el ciclo  ilusión-búsqueda, encuentro-desilusión-ilusión.<span id="more-644"></span></p>
<p style="text-align: justify;">GRADOS DE REFERENCIA es, por lo mismo, una novela de  experiencias iniciáticas. Su narrador-protagonista  nos pone siempre frente a situaciones  de iniciación: el sexo, el poder, la justicia, la amistad, la religión, el misticismo, la masonería, etc.  De casi todas ellas  sale  con desilusión y cierta amargura  que, sin embargo, no alcanza a convertirse en   frustración ni rabia, pues pronto habrá otra  ilusión, el punto de partida de un nuevo ciclo de búsqueda.  A modo de ejemplo podemos ver que el primer capítulo se inicia con el golpe militar de Pinochet,  pero termina  con <em>“…aguaceros que formaban  más de un esperanzador arco iris</em>”.  Otro capítulo se inicia con el protagonista describiendo las cárceles chilenas donde, a su juicio, es imposible una rehabilitación; sin embargo el capítulo se cierra con  un reo  que dio feroz muerte  a su mujer e hijo y que tiene la capacidad de  enternecerse  ante un jilguero que viene todas las tardes a  su celda.  Muchas de estas experiencias  iniciáticas aportan  una especie de renacimiento donde  siempre habrá espacio para la porfiada ilusión : el sexo no es consumado en la primera relación  de amor, pero a cambio habrá un paseo por  las praderas inolvidables que le ofrece la mirada de la mujer (“<em>no hay nostalgia peor que   añorar lo que nunca jamás sucedió</em>”, canta Sabina) , el matrimonio dura muy poco, pero habrá  otras parejas  en el camino;  los diversos cargos  ejercidos post-dictadura  no logran entusiasmarlo. ¿Cómo podrían, si están asociados  a pasillos oscuros,  a seres ignominiosos? Pero en  las últimas páginas podemos verlo  iniciando nuevamente el ciclo de búsqueda al asumir como Juez en un pueblo campesino donde, quién sabe, encontrará lo que busca. <em>(</em><em>“yo voy soñando caminos, ¿adónde el camino irá</em>?”, escribe Machado)</p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong>La novela es, a la vez, muchas historias a las que se va  y vuelve casi siempre desde un mismo punto de referencia, la dictadura militar, y que tienen como personajes a una mayoría de individuos  que parecían  promisorios  y resultaron, casi siempre,  inescrupulosos. Los pocos que no lo son, aparecen en circunstancias especiales y tienen, ya se ha dicho, ribetes angelicales.  Algunas de estas historias  alcanzan niveles narrativos sobresalientes, como aquella del hermano recluido en un sanatorio esperando  cigarrillos  y un  tablero de ajedrez para seguir desafiando  al entendimiento; historias que se vinculan directamente con la realidad que vivimos hoy en las calles de  Chile donde  la ciudadanía  expresa  el inconformismo con quienes han gobernado por casi 30 años para mantener la injusticia , el autoritarismo  y la violencia  , porque la porfiada ilusión  que da inicio a un nuevo ciclo de vida del protagonista  no es inocencia ni bobería, sino una especie de “ardiente paciencia” de la que se rearma  a sabiendas de la naturaleza humana: <em>“ese policía seguirá blandiendo el garrote de su ignorancia sobre la espalda de un estudiante secundario, y desde el hemiciclo parlamentario los dueños del miedo ordenarán reproducir nuevas normas que perpetúen el imperio. Y en los tribunales el mallete del juez seguirá condenando a eternos inocentes. Y en la elite intelectual se continuará reflexionando sobre naderías… Ya sé que eso es cierto”.</em><em> </em></p>
<p style="text-align: justify;">Novela de búsqueda a través de la razón y la intuición, siendo esta última forma de conocimiento la que parece aportar los mejores resultados, porque lo que se está buscando  posiblemente no esté en la  “realidad real” sino en aquello que aparece y desaparece a lo largo de la novela  como si fueran actos de magia y que tienen formas casi siempre luminosas: las  luciérnaga que desaparecen dejando un reguero brillante,  personas  –por lo general mujeres- que bien pudieron ser ángeles  destinados a advertir o a rescatar de los peligros, pájaros especiales, como un  colibrí o el jilguero  que  viene por las tardes a posarse sobre los hombros del prisionero para mudar su rostro asesino por otro mucho más humano, aunque al día siguiente todo siga siendo como siempre ha sido.</p>
<p>Francisco Ruiz Burdiles</p>
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		<title>El Padre Ignacio</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jun 2011 03:02:30 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p> <a href="http://www.franciscoruiz.cl/wp-content/uploads/2011/06/ignacio.jpg" rel="lightbox[598]"><img class="alignleft size-full wp-image-606" title="ignacio" src="http://www.franciscoruiz.cl/wp-content/uploads/2011/06/ignacio.jpg" alt="" width="94" height="128" /></a><a title="Editar “(sin título)”" href="http://www.franciscoruiz.cl/wp-admin/media.php?attachment_id=205&amp;action=edit"></a><a title="Editar “(sin título)”" href="http://www.franciscoruiz.cl/wp-admin/media.php?attachment_id=205&amp;action=edit"></a><a title="Editar “(sin título)”" href="http://www.franciscoruiz.cl/wp-admin/media.php?attachment_id=205&amp;action=edit"></a></p>
<p style="text-align: center;"><strong>I</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Cuando volví a Curanilahue, después de mis años  en el internado y la universidad, tenía 21 años , un título de profesor  de “español”, un contrato para reemplazar al primer pedagogo que había tenido el liceo y, lo más importante, la promesa de casarme con Raquel, que se encontraba  a cargo de la biblioteca del liceo luego de una enfermedad que la hizo abandonar sus estudios y de una  estadía de casi un año en Argentina . Mi primer sueldo vino después de tres meses. Mucho dinero , entonces, que fue dignamente dilapidado, como lo ha sido cada moneda que desde entonces ha llegado a mis manos.  De allí surgió aquel abrigo , entre rojo y morado, largo y entallado, de un cotelé muy suave y anudado a la cintura, con una solapa ancha que estaba a la moda y que Raquel lució el día  de nuestra boda; porque en aquella boda no hubo traje blanco , ni  champaña, ni arroz sobre la cabeza de los novios ni padrinos cachos:  <strong>“<em>toda esa lesera no tiene nada que ver con el amore y e un insulto para lo pobres</em></strong><em>” </em>nos había dicho el cura Ignacio, con su voz  de cantante italiano, tropezando todavía con algunos artículos y formas verbales de una lengua que sólo había comenzado a usar hacía un par de años y que nunca pudo dominar del todo. Lo había conocido en la oficina parroquial después de que Raquel me pidiera que nos casáramos en la iglesia católica, pues ella pertenecía a ese grupo juvenil. Honestamente, me hubiese casado bajo cualquier  ceremonial, religioso o pagano, con tal de estar luego con la mujer  a la que amaba desde hacía cuatro años y con quien había tenido más cartas de por medio que caricias y besos. Así que me dejé conducir a la oficina del cura italiano del que tanto hablaban, uno que tocaba la guitarra, el acordeón y predicaba de manera diferente. “ Debe ser igual que todos los curas”, le dije a Raquel, para bajarlo del pedestal en que  lo tenía , y le conté que durante mi niñez había ido a misa hasta  los 8 años, cuando hice mi primera comunión,  y que  después no volví nunca a la Iglesia ni supe de curas ni monjas  porque mi madre debió preocuparse por el siguiente hijo , el que hizo su primera comunión dos años después y también dejó de ir a misa cuando ella debió preparar al siguiente,   hasta llegar al último y encontrar que ya estaba bueno y que había cumplido con su deber  de católica. Tampoco supe más de Dios, a quién volví la espalda una noche de espanto, rezando a Satanás debajo de las sábanas para que mi madre no  muriera aquel invierno en que la fiebre no le bajaba y yo di por hecho que  Dios no escuchaba  a los niños desesperados . La oficina estaba siendo atendida por Ana María, una monja  joven que ejercía un fuerte atractivo en el grupo de Raquel. Se veía claramente  que estaba feliz de prepararla para el matrimonio y curiosa por saber más del novio.  Un hombre alto y delgado entraba cada cierto tiempo a la oficina, tomaba algún papel y regresaba al interior de la casa parroquial. Ana María me miraba, adelantando en sus ojos una simpatía  que con el tiempo se convertiría  en  amistad. Quería saberlo todo del novio, mientras llenaba unos formularios. ¿Por qué quería casarme por la iglesia Católica?  El hombre dejó de revolver papeles y se giró hacia nosotros. Usaba unos lentes gruesos, llevaba una chaqueta  verde, estilo casaca de guerrilla, unos blujeans y zapatones, no pasaba de los 30 años. Puso sus manos sobre el escritorio de la monja y me miró, esperando la respuesta. La monja me dijo, “te presento al padre Ignacio”. Nos dimos la mano mientras él me decía <em>“así que tú eres el famoso Pancho; mira que Raquel no hace más que hablar de ti”</em>  . Mi respuesta estaba lejos de lo que él hubiese esperado; yo quería casarme  y Raquel quería que fuese por la Iglesia. El cura encontró lo que buscaba en el cajón del escritorio; unas hojas para su maquinilla de afeitar,  y se fue.  Después pasó lo de siempre, empecé a querer aquello que al comienzo había  despreciado. Había llegado a esas charlas pensando  “Ni este cura ni esta monja, con su pinta de hippies y su poder sobre los jóvenes , me van a convencer de sus huevadas” y después era yo el más interesado en ir a esos encuentros semanales  a los que ahora se sumaba el cura y donde las conversaciones iban por cualquier lado, menos por los del santo sacramento del matrimonio. Yo estaba descubriendo  un espacio potente para mi desarrollo , unos amigos diferentes y, de paso, estaba abriendo los ojos para ver lo que en verdad pasaba en el país en aquellos años iniciales de la dictadura  . A mi lado, tomada de mi mano, Raquel parecía  un poco ajena a las conversaciones que nos desviaban del propósito de casarnos luego. Nos casamos en una ceremonia como las que el cura siempre había querido hacer , pero que la tradición de los novios se lo había impedido hasta entonces.  Nos fue a visitar después ,  a las piezas que arrendábamos y donde habíamos establecido nuestro hogar. Iba siempre con  Ana María y allí continuaron las conversaciones, la amistad , las canciones, no sólo las que nos gustaban, sino aquellas  de cuna para hacer dormir a  Paulo, primero, y luego a Daniela, nuestros pequeños hijos, nacidos en los dos años siguientes. La Parroquia tenía un hogar para niñas y niños provenientes de los campos cercanos que aún no habían sido vendidos a la empresa forestal , dueña ya de casi toda la provincia de Arauco y que había convertido los predios de hortalizas y trigo en bosques de pino. La Parroquia  necesitaba un matrimonio que se hiciera cargo de  esos niños y niñas, acompañándolos tanto en su proceso formativo como en el apoyo escolar. No había sueldo y era una manera concreta de ser cristiano, nos dijo Ignacio; una manera concreta de estar con los pobres y ayudarlos. Después de algún tiempo decidimos irnos; creer en Dios era un asunto concreto. El hogar fue dirigido, en los hechos, por Raquel,  que estaba todo el día en aquel espacio compartido por una veintena de niños y adolescentes  hijos de campesinos y mapuches pobres y nuestros propios hijos, que fueron creciendo con ellos. Yo trabajaba en el liceo y mi aporte consistía más que nada en la presencia de la figura paterna y en la relación con los padres y las instituciones colaboradoras , además de tener un cupo en el  Consejo Parroquial que muchos envidiaban  y que a mí sólo me traía problemas y me  alargaba la jornada laboral , pues durante años debí realizar  clases en  las tres jornadas (mañana, tarde, vespertina), terminando muchas veces después de las 10 de la noche. En el liceo estreché mi relación con Ana María, que hacía clases de filosofía. Una vez preparamos juntos un trabajo sobre El Principito y a su puesta en escena invitamos a Ignacio , que no era una visita bien recibida por las autoridades del establecimiento debido a su conocida postura crítica al régimen  militar. Pero él no perdía ocasión de estar con los jóvenes, porque entendía que ellos podían ser una fuente de conocimiento y reflexión para el cambio que el pueblo necesitaba. Cada día yo descubría una faceta nueva en el sacerdote; su sensibilidad artística era clara, podía sintonizar rápidamente con el teatro, la música y la pintura. Las misas que realizaba eran una suma de estas artes.</p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-598"></span><!--more--></p>
<p style="text-align: center;"> <strong>II</strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Ignacio se llamaba, en realidad,  Ignazzo Garau. Provenía de un lugar de Italia llamado Ussaramanna, poblado de casi 600 habitantes en la isla de  Cerdeña.  Había ingresado al seminario siendo un niño y  su destinación a Sudamérica  había sido solicitada por él, aunque parece que originalmente había pensado en Brasil. Algunos años antes había llegado a Curanilahue otro cura italiano,   que había gestionado la venida de un grupo de connotados profesionales  jóvenes  italianos a fundar  lo que se denominó el  Centro de Adiestramiento Popular para capacitar a trabajadores del carbón en oficios  técnicos más calificados . Todos ellos  terminaron participando con entusiasmo de las ideas del gobierno de la Unidad Popular a favor de los más pobres yfueron expulsados del país después del golpe militar, acusados de sedición por algunos vecinos y las autoridades militares , incluyendo al cura  , que salvó con vida después de haber  sido golpeado y abandonado en la carretera. Entonces llegaron dos curas italianos más, uno de ellos era Ignacio. Fue destinado  al Arzobispado de Concepción en la época en que Don José Manuel Santos era el obispo y  un joven Alejandro Goic era nombrado obispo auxiliar, autoridades eclesiales comprometidas con la defensa de los derechos humanos y el trabajo social de la Iglesia que resultaron fundamentales para entender y apoyar a Ignacio, especialmente cuando arreciaron las acusaciones en su contra por aquellas prédicas suyas y artículos que denunciaban los abusos de  los empresarios  forestales y del carbón, además de la falta de libertades. Mas allá de su calma , de sus ademanes relajados, de su voz grave y su sonrisa  agradable; más allá de su imagen de cura medio poeta y medio músico, Ignacio era un tipo radical: vivía el evangelio que predicaba y nos empujaba a hacer lo mismo. Era muy difícil seguirlo sin hacer trampas. Vivía  en la pobreza material, y si alguien, conmovido por esa pobreza le regalaba una estufa, un televisor , dinero, ropa o algún otro objeto que mejorara sus condiciones de vida,  debía aceptar que lo más probable es que él lo regalara , a su vez, a quien le pidiera ayuda  o a quien  él estimaba que lo necesitaba más. Algunas veces lo cuestionamos porque terminaba regalando zapatos o pantalones a personas que tenían más que él y lo engañaban. Si éstos eran campesinos pobres o mapuches, solía decir que no le importaba que lo engañaran aquellos que antes habían sido engañados por  europeos, como él. Una vez me detuvo en el callejón interior , camino al Hogar Campesinoese  para decirme, con ese sonsonete  medio italiano, medio portugués : <strong><em>“Raquel me ha contado que compraron  un televisor para poner en el dormitorio. Pero el Hogar ya tiene un televisor grande en el salón, donde todos pueden ver juntos ¿Para qué quieren otro?</em></strong>  <strong><em>¿Por qué no me lo das para llevárselo</em></strong> <strong><em> a la señora X, que está enferma y no tiene radio ni televisor?</em></strong>  Intenté negarme con excusas infantiles, me vi diciendo que habíamos trabajado duro para comprarlo y doña X no había hecho nada para tenerlo, que no era mi culpa y que…  sus ojos, al otro lado de esos vidrios semioscuros,   tenían una mezcla de desengaño y burla, como si me hubiese provocado sólo para saber que yo   era uno más, del montón. En los años que compartimos tuvimos muchas situaciones como ésta, y la mayoría las conversamos,  curiosamente, en aquel callejón que salía desde el Hogar Campesino a la calle, y que ahora lleva su nombre . Una vez me detuvo para preguntarme por qué no iba a misa desde hacía tanto tiempo; de nuevo me costó mirarlo a los ojos y decirle la verdad : yo no estaba hecho para ser un cristiano como  el evangelio qué él predicaba, no era consecuente, era simplemente un tipo débil y no quería ser un cínico más de esos que terminaban  sentados a la misa , llevando una doble vida. Tuvo un gesto de ternura hacia mí. Me dijo que esto era un proceso largo, que yo era un ser humano y , como tal, estaba lleno de dudas y debilidades, pero lo importante era caminar hacia el ideal, aunque nunca se lograra.   Sus prédicas  habían terminado por ahuyentar a los personajes más empingorotados de aquella  comunidad y había hecho nacer una iglesia  al estilo de las comunidades de bases, democrática y participativa,compuesta por hombres y mujeres sencillas y comprometidas en lo social.  Las familias católicas  tradicionales se habían ido apenas el cura llegó al pueblo y sacó las imágenes de santos y las figuras de yeso del templo, dejando sólo las de Jesús. Pero sus seguidores más entusiastas eran los jóvenes, Raquel y yo incluidos. Ya dije que no era fácil seguirlo, por su radicalismo, pero no  había forma de eludir sus llamados. Había terminado por ganarse el respeto entre los trabajadores y dirigentes políticos a base de un compromiso claro con los pobres y perseguidos . La casa Parroquial fue el espacio natural para quienes organizaban una huelga, una olla común, una obra de teatro, una peña folcórica , una venta de ropa usada, una función de títeres. Por estas y otras acciones fue llamado varias veces a dar explicaciones a la gobernación provincial, que  estaba en manos de los militares, y conminado a dejar el país. Lo hubieran sacado, a no mediar la defensa férrea del Obispo y, en especial, del obispo auxiliar, quien lograba ver en Ignacio no sólo a un cura motivado por el tema social y político, sino, fundamentalmente, a un sacerdote iluminado  por el evangelio.  Este cura parecía estar más cerca de Dios que cualquiera de los otros , así que, en el fondo,   lo admiraba. Una vez, recuerdo nítidamente, algún miembro de la iglesia, o un infiltrado , citó sus comentarios de la misa para acusarlo con las autoridades militares. Su reacción, al domingo siguiente fue  decir, al iniciar sus comentarios <em>“<strong>en esta parte de la misa , lo sapo debe prender la grabadora para llevarla a su  jefes y acusarme para que me devuelvan a Italia. Préndala fuerte porque voy a decir cosas fuertes sobre lo dueño de la empresa Arauco, que están explotando al trabajador forestale…</strong></em>” .  Muchas veces, en la misa o en otros lugares en que hablaba, solía rematar sus frases citando el verso de alguna de mis canciones , diciendo  <strong>“<em>como en esa canción de Pancho, que ahora nos va a cantar a modo de refleción finale</em></strong>”, y allí debía ir yo tras una guitarra para cantar, con o sin micrófono, y cerrar la prédica como él la había improvisado.</p>
<p style="text-align: justify;"> <a title="Las quimeras" rel="lightbox[72157604055121920]" href="http://farm4.static.flickr.com/3154/2308292076_417644f776.jpg"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3154/2308292076_417644f776_s.jpg" alt="Las quimeras" width="127" height="116" /></a><a href="http://www.franciscoruiz.cl/wp-content/uploads/2011/06/guit1.jpg" rel="lightbox[598]"></a></p>
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<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>III</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong> <a href="http://www.franciscoruiz.cl/wp-content/uploads/2011/06/guit.jpg" rel="lightbox[598]"></a></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Ignacio era un ecologista. Las canciones que nos cantaba en la peñas casi siempre tenían esa temática  Los más jóvenes habían cruzado con él la cordillera de Nahuelbuta durante varios días, durmiendo a la intemperie  y observándolo en sintonía con los bosques, las aguas, los coleópteros. Alguna vez le vieron echar abajo las alambradas que las empresas forestales ponían en sus bosques para que los campesinos que aún quedaban en esos lugares tuvieran que llevar a sus animales a otros lados y no pudieran usar los caminos construidos  para el paso de los grandes camiones , debiendo  dar largos rodeos para llegar al pueblo. Muchos se aburrían y terminaban vendiendo sus tierras  a la empresa forestal ; luego se iban a la periferia pobre  de las comunas de la provincia de Arauco. Salvo ese gesto, no recuerdo haberle visto violentarse jamás. Yo caminé con él por algunos lugares paradisíacos, como el alto bío-bío, antes de que fuera inundado por una represa hidroeléctrica. Caminamos con Ana María  y Raquel durante una semana, deteniéndonos en lugares como Kaiñicú, Pitra cuy-cuy y Trapa Trapa .. Yo llevaba los utensilios de cocina en una especie de alforja que me dieron los lugareños para ir más cómodo y que me hacía aparecer como una de esas ovejas con cencerro,. Todos íbamos muy cargados, pero éramos jóvenes  y caminábamos durante horas . Dormíamos bajo los árboles y, cuando se podía, en algún albergue. Nos bañábamos en el río Queuco, donde nace el Bío-Bío  El viaje era recreacional, para contactarnos con la naturaleza, pero Ignacio no pudo evitar reunirse con un grupo de pehuenches que necesitaba organizarse para defenderse de los abusos de los terratenientes del sector. Como en otras ocasiones, fui su asistente. Su condición de europeo culto le hacía tener claridad sobre el riesgo de alterar la naturaleza, de destruir lo que era irreparable. Amaba la naturaleza. Subimos varias veces a la Piedra del Aguila, entre Cañete y Angol. Nos abrazábamos a esas araucarias gigantes que llevan más de dos mil años de pie en la montaña. En las noches  hacíamos fogatas  y compartíamos largos silencios, escuchando el crepitar de las llamas , el canto de algún pájaro nocturno y el ruido que en el bosque hacía una hoja cayendo o la pisada de algún animal huidizo.  Reconozco que en esos bosques le escuché las prédicas más  hermosas y emocionantes. Desprovisto del entorno social antagónico, inmerso en la naturaleza, por sus palabras, como canciones,  iba Jesús caminando por el campo, deteniéndose ante el vuelo de los pájaros o la belleza de los lirios; Jesús , como un hermano mayor, admirable, amable,  conectándonos con  la vida , la justicia, la belleza de los bosques y ríos; Jesús , más vivo que nunca. Conocía mejor que nosotros las quebradas, los riachuelos de la zona; sabía que las empresas forestales arrojaban residuos químicos a sus aguas y que los peces morían, sabía que cada plantación de pino secaba más la tierra y la inutilizaba para otra cosa que no fuera pinos  y eucaliptus. Bajé con él a un par de pirquenes  lóbregos. “Cuidado, padrecito, no se vaya a enterrar en el barro”, le decían los mineros, contentos de que él  supiera en qué condiciones trabajaban. Recorrimos el antiguo campamento minero de Plegarias, donde vivieron mis abuelos después de bajar de las montañas de Nahuelbuta      y adonde fui muchas veces siendo niño. No quedaban casas, las pocas que estaban de pie parecían a punto de caerse y las condiciones de vida eran duras; no había agua potable, luz ni alcantarillado. Dentro de su pobreza, la gente hacía esfuerzos por atender a ese curita que llegaba hasta ellos caminando, con una mochila al hombro (tengo esa mochila .Me la dejó de regalo en uno de sus últimos viajes, cuando sabía que ya no volvería a subir caminando hasta la piedra del águila). Le ofrecían una sopaipilla recién hecha, un pan amasado recalentado, un vaso de agua con harina tostada o aquello que tenían a mano y que él aceptaba sabiendo que aumentarían sus problemas hepáticos adquiridos en Curanilahue . No sé por qué no usaba un vehículo para esos viajes , pero, si lo hubiese hecho, no habríamos podido seguirlo. A vece íbamos 15, 20 y hasta 30 siguiéndole por esos senderos. En las subidas no había cómo mantenerse cerca de él, era un verdadero 4X4, pero lo dejábamos adelantarse, sabíamos que en las bajadas podríamos alcanzarlo, ya que un vieja dolencia en una de sus rodillas lo obligaría  a ir despacio . La primera vez que caminé con él fue a Trongol Alto; fueron varias horas con una mochila a las espaldas  ;  cada cierto tiempo sacaba tarros y libros  que llevaba de regalo y que enterraba para recogerlos al regreso, cuando la bajada hiciera menos pesada la carga. Llegamos casi al anochecer a una escuelita donde estudiaban los pocos niños que aún quedaban en el sector. Me lancé a las aguas del río, para refrescarme, pero debí salir corriendo  antes de congelarme. Dormimos en una de las salas, con piso de tierra. Al día siguiente observé a quien hacía de profesora. Era  Rosita, miembro del grupo juvenil parroquial. Estaba haciendo un servicio allí, tal como Raquel y yo hacíamos el nuestro, pero ella lo hacía en condiciones mucho más duras y su trabajo era más valioso que el nuestro. Ella había sido una alumna de pésimas notas en el liceo y no había seguido estudios, su carácter duro le valía muchos enemigos, por entonces, y , sin embargo, sus alumnos  aprendían a leer y a escribir con ella, allí en la soledad del bosque, lejos de la civilización. La respetaban y querían. Esa escuela la habían construido los campesinos y  estaba abandonada  por el MINEDUC, entonces el cura decidió llevarla, a pesar de que los niños no tendrían certificados de promoción. La gente le retribuía con comida. Ese fin de semana le obsequiaron dos gallinas vivas, ponedoras, , y yo regresé de Trongol Alto  , caminando 7 horas con una de esas gallinas  semi-asfixiada debajo de mi axila y maldiciendo a la Rosita por haberme pedido que se la pasara a dejar a su casa.  Otra vez lo seguí a un campo  llamado El Tesoro. Era invierno y el camino estaba intransitable. Tuvimos que irnos  por medio de la huella, hundiendo los zapatos en el lodo. Íbamos  el dentista, Ignacio y yo. El dentista y yo terminamos con los zapatos en la mano, desprovistos de la suela que había sido aspirada  por la fuerza centrífuga del lodo . Recuerdo los calcetines de lana chilota del dentista , el turco Pualuán, que arrojó los botines inservibles a la vera del camino. Oficié de ayudante suyo en la primera parte del &#8220;operativo&#8221;, mientras él sacaba las muelas y las iba tirando a un balde  al que los chanchos acudían gozosos para triturarlas, tal comoél me había dicho que ocurriría mientras caminábamos hacia el campo.  “Más algodón, don Bancho”, me decía el turco, riendo y exagerando su condición de tal. Mientras tanto Ignacio estaba reunido con el grupo que había sabido de su llegada  y que quería presentarle los problemas locales. No tenemos  esto, nos falta aquello…, comunidades abandonadas y a las que no llegaba , por entones, ningún tipo de ayuda, Finalmente  Ignacio hizo una misa en la que bautizó y casó a varias personas a la vez. Oficié de ayudante del sacerdote y mi premio fue el cáliz lleno  de vino pipeño bendecido para la misa  , pues él no podía beber  por su afección al estómago y el turco no comulgaba.  Para nuestro regreso los campesinos nos prestaron unos caballos que nos dejaron caminando como vaqueros durante  la semana siguiente.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"> <strong>IV</strong></p>
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<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">A Ignacio le gustaban las peñas folclóricas. Las impulsaba como impulsaba todo aquello que estimulara la creación artística, especialmente de los jóvenes. Cantaba en ellas y tocaba el acordeón. Cantaba distintas canciones de nuestro folclor,  aunque la que hacía las delicias de sus seguidores  era una historia en la que preguntaba a varios niños  <strong><em>“¿y tu padre , qué hace?”</em></strong> , los niños respondían con oficios como labrador, carpintero, etc, y venía el estribillo, cantado a coro, hasta que un niño respondía que su padre era CAPITAN, entonces, la inflexión de su voz, dándole un tono macabro al oficio,  sacaba los aplausos del respetable público. Muchas veces cantamos a dúo, para lo cual nos juntábamos y preparábamos algunas canciones. Yo tenía una pequeña grabadora en la que a veces grabé esas canciones que aún conservo.</p>
<p style="text-align: justify;"> <img src="http://www.franciscoruiz.cl/wp-content/uploads/2011/06/ign.21-150x150.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: justify;">En una de las tantas oportunidades en que sus superiores recibieron las quejas de las autoridades políticas  por el cura “comunista” de Curanilahue, los obispos le pidieron que se centrara más en los aspectos pastorales que sociales de la parroquia. Entonces decidió llevarnos a unas jornadas de profundización de la fe. Todos los que estábamos cerca de él y realizábamos alguna acción de tipo social en la parroquia, debíamos ir a  reforzar nuestra formación pastoral. No estábamos de acuerdo, pues nos parecía que el compromiso que teníamos en lo social era producto de nuestra fe, sin embargo, considerando que era una especie de penitencia para él,  lo acompañamos  En el segundo de estos encuentros , durante la noche,   golpearon el portón del lugar en que nos encontrábamos, en Los Alamos. Me asusté, pensando que podrían ser los militares, pero era una comitiva del obispado de Linares que traía a una persona para integrarla a la jornada. Era un joven abogado que trabajaba con el Obispo Camus en la defensa de derechos humanos. No supe más. Pero al día siguiente, cuando estuve pasando la lista de asistencia, le pregunté su nombre: “Juan Mihovilovich”, me dijo el abogado.  No quise preguntarle , pero estaba seguro que él era el escritor  magallánico al que algunos medios hacían referencia como una promesa en la narrativa chilena. Lo había leído en algunas publicaciones de la Iglesia, en la que por esos años incluso se difundía la literatura chilena no oficialista    Me lo confirmó más tarde, cuando se lo pregunté. Al finalizar la jornada, en presencia de Monseñor Santos, ese obispo pequeño que se atrevió a denunciar a los agentes del gobierno militar por haber asesinado a unos miristas en Concepción y simular un burdo enfrentamiento (tenían orificios de balas en sus axilas, lo que muestra que iban con las manos en alto cuando les dispararon) , Ignacio cerró la jornada haciendo alusión  a la letra de una de mis canciones, invitándome, como otras veces, a cantarla. La canción decía  “no es un ajuste de cuentas la vida, no es, a pesar de tantos muertos, cada día descubiertos”. Poco tiempo después Juan me escribió una tarjeta para agradecer el encuentro en que nos conocimos y pedirme que fuera a cantar ésa y otras canciones a un encuentro con campesinos en  Linares. Hasta hoy somos amigos, y en más de alguna ocasión hemos hablado de Ignacio , a quien él sólo conoció durante ese encuentro , pero que le provocó una fuerte impresión.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"> <strong>V</strong></p>
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<p style="text-align: justify;"> Fiel a esa frase  bíblica en que Jesús dice que para seguirlo hay que abandonar padre y madre, Ignacio casi no iba a ver a su familia. Muchas veces había que presionarlo para que fuera. Quería a sus padres, ya ancianos, y a sus hermanos, que lo colmaban de regalos cuando regresaba a Chile, pero estimaba que no se podía abandonar a la comunidad cristiana para volver a la casa paterna.  A su regreso repartía esos regalos, pero  algunos habían sido elegidos para él de manera especial, y le complicaba obsequiarlos. Una vez llegó a verme Ana María;  el pobre Ignacio no sabía qué hacer con un terno que su hermano le había comprado. Era un traje de tela fina y de un modelo exclusivo. El no podría usarlo en medio de la gente pobre de Curanilahue, pero tal vez yo podría, después de todo,  mi condición de profesor era compatible con la solemnidad de un terno, además era azul, me quedaría muy bien. Le dije que muchas gracias,  que aceptaba el regalo. Había una sola condición; debería cuidarlo, porque era un regalo especial para él y cada vez que me lo viera puesto, pensaría en su familia.  Me quedé con el terno y en mi primera aparición pública los más cercanos comenzaron a burlarse , diciendo que con aquel traje me parecía  a Maluenda, un animador de la TV de los años 80. Me miré después en el espejo y encontré que los idiotas tenían razón, la tela  despedía unos brillos como de lentejuelas, así que sólo usé la chaqueta en contadas ocasiones,  preferentemente cuando también estaba presente Ignacio, que sonreía satisfecho al saber que el regalo de su hermano estaba en buenas manos .</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">En el espacio más íntimo, Ignacio era un tipo sensible, culto y universal.  Conocía a poetas, músicos, cantautores y , por supuesto, a los curas poetas, como Casaldáliga , a quien fue a conocer a Brasil y acompañó durante algunos meses. Tenía la música de  Bob Dylan , y cantaba Blow in the wind con una letra hecha en español  <strong><em>“cuántas veces  hacia arriba el hombre ha de mirar, hasta encontrar su verdad; cuántas las veces que el hombre ha de matar…”</em></strong> Una vez le puso letra a la canción  de Roberto Carlos: <strong><em>“yo quisiera quemarle el negocio a la tía Lila”</em></strong>, en alusión al prostíbulo donde los mineros dejaban el dinero de sus sueldos. Fue todo un éxito. Al regreso de uno de sus viajes me regaló el cassette de un cantautor italiano , desconocido por mí, Fabrizio de André. Quedé fascinado con esa música. Acordamos ensayar un tema llamado ANDREA para cantar en un festival , pero no alcanzamos a hacerlo, su enfermedad lo alejó de Curanilahue y ya no se pudo.  Cuando llegó a mis manos la música de  Silvio Rodríguez, se la llevé para que escuchara aquella maravilla en que todo era posible. Al día siguiente, en el callejón que hoy lleva su nombre,  me lo devolvió diciendo : <strong><em>“e un poeta este hombre”</em></strong>.  Cantábamos a dúo una que dice “esta extraña tarde, desde mi ventana”  .  A veces, en las heladas noches de Curanilahue, mientras compartíamos unas castañas calientes con mate, junto a la estufa a carbón en la casa de las monjas, cantábamos  aquello que más nos gustaba. Yo le pedía que cantara “el extranjero”, en italiano. También tengo esa versión grabada. </p>
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<p style="text-align: justify;">Ignacio tenía una máquina de escribir olivetti, italiana, con el tilde al revés. En su ingenuidad escribió varios artículos contestatarios con ella, permitiendo su rápida identificación por parte de las autoridades de turno . Esa ingenuidad resultaba, a veces , ser la más osada de la ideas. Un día apareció por mi casa para decirme que había estado pensando en una imagen de Jesús minero, un Jesús vestido de minero, saliendo de las entrañas de la tierra. Quería pintarlo él mismo, pero se acordó de un amigo en común, un pintor al que yo ubiqué esa misma tarde y convencí para el proyecto. Había un  pequeño problema, me dijo, pues  el lienzo debía cubrir todo el ancho y alto del altar y debería estar listo para el atardecer del día siguiente, cuando  la procesión regresara al templo después de un vía crucis por las calles del pueblo. Nuestro pintor comenzó la obra a las 10 de la mañana, pues no pude sacarlo antes de la cama. Cada cierto tiempo se asomaba Ignacio para ver cómo iba la obra. Hasta el mediodía sólo eran trazos sobre un lienzo de plástico de bolsas añadidas hasta cubrir el fondo del altar. Durante la procesión mantuvo contacto con nosotros a través de un mensajero que llegaba a la entrada del templo y gritaba “dice el padre Ignacio si ya está listo el Jesús minero”. Nuestro pintor respondía :”dile que en la próxima estación vamos a estar listo”. Se acercaba la última estación del vía crucis y el lienzo no se terminaba. Entonces nuestro pintor le dijo al mensajero “dile al padre que alargue las últimas estaciones, que los haga rezar y cantar para que podamos terminarlo en una hora más”. Fue el vía crucis más largo del que se tenga memoria. Guardamos las brochas, los tarros de pintura y los overoles que habíamos usado. Los cantos se escuchaban en la entrada de la parroquia. Apagué las luces, como me había indicado Ignacio, y la procesión entró a oscuras, usando algunas antorchas. Desde el altar Ignacio  creó el ambiente y dijo las palabras claves para que yo encendiera las luces desde los controles. Entonces hubo una exclamación de admiración y recogimiento: desde el fondo de la mina intentaba levantarse un minero, a torso desnudo y sudoroso, con su casco sobre su cabeza y  el rostro tiznado, pero no podía por el peso de la cruz sobre sus espaldas. El rostro era el de cualquier minero de Curanilahue, dolorido y a la vez estoico Ese lienzo se convirtió en un símbolo y estuvo en el templo por más de diez años, hasta que fue reemplazado por nuevas imágenes de santos cuando la Iglesia chilena le quitó fuerza al tema social, con el retorno a la democracica.</p>
<p style="text-align: justify;">Una vez regresó de Sara de Lebu, una zona mapuche, muy pobre, donde una monjita emprendedora había organizado a la comunidad para que reuniera sus productos en una especie de cooperativa y las vendiera sin intermediarios. El problema es que había que abrir mercados nuevos, y era difícil. Recuerdo a Ignacio predicando en favor de los productores pequeños organizados en cooperativa. Nadie compraba, todos seguían yendo al supermercado a comprar las cajas de leche mientras él iba, incansable, pedaleando en su bicicleta azul a entregar los pedidos de leche que había logrado apuntar en su libreta a la salida de la  misa.  La leche llegaba en un tambor, en los buses provenientes de Lebu. El llenaba los lecheros y salía a entregarlo a los clientes que había anotado en su libreta acompañado de alguno de los jóvenes que lo seguían en todas sus iniciativas.  Ignacio  no se quedaba en las prédicas  hermosas ni en la crítica  rotunda desde el púlpito, estaba donde  debía estar, en medio de los necesitados. El mundo estaba cambiando y el emprendimiento parecía ser la solución al desempleo. Intentó ayudar a un grupo de jóvenes en la producción de artesanía, también a un grupo de pobladores a los que capacitó para que prepararan y envasaran champiñones con los hongos recogidos en los bosques de pino, emprendimientos que  duraron poco , porque los chilenos no somos tesoneros y porque él mismo carecía de habilidades para hacer dinero.</p>
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<p style="text-align: justify;"> Ignacio ha sido la persona  a la que más he respetado  en mi vida. Me contó entre sus amigos y eso será siempre un honor. Yo lo cuento entre mis maestros. Sus huellas pueden rastrearse aún en personas y familias de Curanilahue a quienes les cambió la vida, en miembros de comunidades de base  que aún se reúnen cantando canciones de la misa nicaragüense que una vez nos trajo para renovar los cantos .  Se fue a Italia en el 85, buscando poner término a sus dolencias, pero más bien a morir entre sus familiares. Los curas claretianos que lo reemplazaron siguieron su línea y admiraron su trabajo. Algunos años después  su enfermedad desapareció inexplicablemente, entonces fue autorizado a volver a Sudamérica. Esta vez iba a ser Ecuador, pero  primó el amor a Chile, aunque llegó a un lugar menos húmedo, para no morir tan rápido.  Sólo estuvo bien un corto tiempo en Hualqui, el suficiente como para que allí lo descubrieran y valoraran. Volvimos a subir a la Piedra del Aguila , esta vez sin mochila, en un jeep que debía detenerse en los tramos más accidentados para que el movimiento no le agudizara sus fuertes dolencias. Lo recuerdo nítidamente, tendido en un diván y cubierto con una manta al regreso de aquel viaje, en la casa &#8220;de los italianos&#8221; , que por aquella época ocupábamos. Mientras hablábamos de cualquier cosa que nos ayudara a evadir el tema de su enfermedad, no pude evitar pensar en su muerte. Imaginé una canción donde él le preguntaba a la  persona que lo cuidaba. <strong><em>&#8220;Dime quién anda por las calles /siento que silban melodías como balas/</em></strong>  <em><strong>Supón que ahora, en esta cama, me muero gris, me muero sin tener las ganas&#8221;.</strong>  </em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Unos días después</em>   volvió a Italia, donde murió antes de cumplir 50 años.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
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		<title>EL CAMINO ES CULEBRERO</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Apr 2011 16:28:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>francisco</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<h5 style="text-align: justify;"><a href="http://www.franciscoruiz.cl/wp-content/uploads/2011/04/esc-v.las_playas5.jpg" rel="lightbox[552]"></a>Hago mi último viaje a Caldera-Copiapó , en el marco del programa  de educación  de la Fundación Chile para el que trabajo . El tiempo pasó vertiginosamente (aunque desde hace algunos años  todo me parece presuroso y fugaz :  llega un nuevo otoño cuando parece que todavía es verano, celebro un nuevo año cuando parece que el anterior no ha terminado)  Es un viaje para despedirme de las personas con las cuales he trabajado en estos  años, pues el programa me ha destinado a otro lugar. Sólo tengo sentimientos de gratitud  y afecto por quienes me recibieron cada 15 días , prodigándome simpatía y respeto. Juntos hicimos un sincero esfuerzo por mejorar la calidad de la educación de las niñas y niños . Algunas escuelas   ya alzaron el vuelo, otras todavía van a ras de piso, pero llevan sus alas extendidas y muy pronto volarán.  Ojalá que vuelen juntas, como en esa historia de los gansos que alguna vez revisamos para aprender a trabajar en equipo.<a href="http://www.franciscoruiz.cl/wp-content/uploads/2011/04/esc-v.las_playas5.jpg" rel="lightbox[552]"></a>Yo me despido: adiós desierto de Atacama, mar y playas de Caldera, barcos de la bahía, faro y gruta del  Padre negro, adiós bandas de guerra marchando por la avenida Weelgriht ; adiós Copiapó asoleado ,  chañares de su plaza; piedras minerales, adiós, niñas y niños, profesoras , profesores y directivos, todos  estimados y valorados , adiós:</h5>
<h5 style="text-align: justify;">“yo voy soñando caminos, ¿adónde el camino irá?&#8221; (A.MAchado)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"> </h5>
<h5 style="text-align: justify;">Más al Norte Iquique está tendida en la arena, frente al mar y a espaldas  de unos gigantescos cerros  que parecen dinosaurios de arena  echados al sol. Arriba de esos cerros desnudos, en el “alto”,  se amontona Alto Hospicio. Queda muy poco del caserío original que durante años movilizó a organizaciones no gubernamentales para ayudarles  a erradicar la miseria. Ahora es una especie de pueblo- dormitorio , extendido  muchos kilómetros a la redonda y donde se levantan edificios y grandes bodegas, además de poblaciones  nuevas ; es el patio grande barato de Iquique , destinado también  a crecer  atropelladamente. Más allá de Alto Hospicio la carretera sigue subiendo en dirección al Norte. Es una carretera plateada y sinuosa, una serpiente  de asfalto que se revuelve bajo el sol y se estira en dirección de poblados que sólo he visto en documentales.</h5>
<p style="text-align: justify;"><img id="rg_hi" src="http://t1.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQyVZcCShdaoDQ2trVq61gwL1h5zLGEs0u05SVx1RtCsHo5mAkNjg" alt="" width="267" height="189" /></p>
<h5 style="text-align: justify;">El sol  brillante y agresivo  inunda las ruinas de salitreras que hicieron historia a comienzos del siglo pasado; aquí está Humberstone y más adelante hay otros vestigios:  ¿ Así que por esta pampa calcinante  bajaron las columnas  de obreros y sus mujeres a reclamar por salarios más justos en esa  huelga histórica que terminó con miles de ellos destrozados por la artillería  de los soldados en la escuela Santa María?   ¿Cómo sería la vida en estos peladeros? Tengo una vaga idea por las novelas de    Hernán Rivera Letelier , que me gustan porque describen  la vida de las pampas  de una manera familiar para quienes hemos vivido en los pueblos  mineros del carbón . En sus historias se puede reconocer  las mismas bromas, los mismos sobrenombres precisos, las mismas injusticias, las mismas putas; sólo que en vez de un sol implacable sobre las calaminas rotas,   allá teníamos lluvias sobre el zinc , barro en las callejuelas retorcidas y goteras hasta en el alma.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al frente de la serpiente aparece ahora La Tirana, pueblo solitario y pobre como los evangélicos que predicaban el fin del mundo frente a la ventana de mi casa, en Curanilahue, los domingos por la tarde. Se llenará de celebrantes en el mes de julio, de estruendo y fantasías durante unas semanas, para quedar después como hoy día, semivacía, con cientos de casas y chozas  encadenadas a un candado , esperando que los cánticos del año entrante las despierten y desencanten el pueblo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"> <img src="http://t0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcTjSOL1_3C0XHg7PA1HaW80DOotDEOHQ54U6CbGa0Xg8SPgj0EE" alt="" width="221" height="166" /><a href="http://www.franciscoruiz.cl/wp-content/uploads/2011/04/camino1.jpg" rel="lightbox[552]"></a></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La serpiente  de asfalto pasa ahora por Pozo Almonte, como quién pasa por un pueblo del  far west.  Aquí pudo haber llegado, perfectamente, la protagonista de KILL BILL después de salir de la tumba en que la entierran viva, sacudiéndose el polvo en cada zancada . Más adelante empiezan a verse los primeros tamarugales, unos arbustos que pueden crecer muy altos gracias a raíces  gigantescas que beben el agua de las profundidades , porque en las profundidades de estas arenas hay mucha agua.  Pasamos ahora por Matilla, y allí se divisa  una de las  escuela a la que debo prestar asistencia . El camino sigue subiendo. Se ve ahora, al fondo de esta recta alargada y distorsionada por  la reverberancia del sol sobre el desierto, un oasis , una mancha verde   sobre la que empiezan a destacarse los colores del poblado.  Es PICA,  mi próximo destino .</h5>
<h5 style="text-align: justify;"> <img id="rg_hi" 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alt="" width="259" height="194" /><a href="http://www.franciscoruiz.cl/wp-content/uploads/2011/04/plaza.jpg" rel="lightbox[552]"></a></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este lugar –me dice el conductor- es uno de los lugares más hermosos de la Pampa del Tamarugal . Su nombre quiere decir “flor en el desierto”, en quechua, y existía ya en la época de los Incas. Por aquí pasaba el camino del Inca. Después fue un pueblo español, muy clasista en el virreinato y con un gran desarrollo económico,  gracias a las viñas, luego a los minerales y, actualmente, a los cítricos que produce y exporta. -Aquí usted va a tomar mucho jugo de mangos y de limones  de Pica”. Pero va a tener que protegerse del sol, porque todos los días del año son así como los ve ahora, con  un sol  fuerte. Traiga bloqueador solar, lentes oscuros y, ojalá, un sombrero</h5>
<h5 style="text-align: justify;">   -¿Qué hay más allá de Pica-le pregunto</h5>
<h5 style="text-align: justify;">-Más allá sigue la arena, más arriba  está la mina Collahuasi y , al otro lado,  Bolivia.</h5>
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		<title>TIERRA DEL FUEGO</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Mar 2011 02:38:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>francisco</dc:creator>
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		<description><![CDATA[  He visto a los primeros estudiantes del 2011: uniformes  nuevos, caras de sueño , cigarrillos, cuadernos. Se terminaron las vacaciones para ellos y también para quienes les miramos desde las ventanillas del transantiago . Recuerdo mi regreso a la escuela nº 38, en mis primeros años de educación básica; la profesora nos exigía escribir [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.franciscoruiz.cl/wp-content/uploads/2011/03/0921.jpg" rel="lightbox[530]"><img class="alignleft size-medium wp-image-535" title="092" src="http://www.franciscoruiz.cl/wp-content/uploads/2011/03/0921-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a> </p>
<p>He visto a los primeros estudiantes del 2011: uniformes  nuevos, caras de sueño , cigarrillos, cuadernos. Se terminaron las vacaciones para ellos y también para quienes les miramos desde las ventanillas del transantiago . Recuerdo mi regreso a la escuela nº 38, en mis primeros años de educación básica; la profesora nos exigía escribir una composición titulada  MIS VACACIONES.  No transaba jamás :  eran dos páginas , como mínimo, y tres, como máximo. ¡Ay de quién escribiera fuera del renglón, no respetara la sangría o confundiera la G con la J ¡Podía caerle una cachetada, un tirón de orejas o un reglazo sobre la mano. Nada de perder tiempo en comunicaciones para la casa, acusándonos con nuestros padres, todo se arreglaba in situ. Pero, además de práctica y efectiva, esa profesora era sabia; no perdía tiempo en pruebas de diagnósticos que no servían para nada, la composición era lo mejor de todo, enderezaba la caligrafía y ponía a prueba nuestra  habilidad para escribir.  A veces yo  no tenía nada que decir, mis vacaciones habían sido una seguidilla de días repetidos hasta el cansancio en el pequeño pueblo con una que otra escapada al río o un viaje a la casa de mi abuelo ,  para mirarlo fundir el oro en su taller de joyería y ayudarlo a pulir anillos.  Entonces  escribía una versión libre de aquellos sucesos y las tres páginas se me hacían pocas para meter tanto disparate. Nuestra buena profesora, además, leía y corregía cada una de las composiciones, haciendo comentarios en voz alta al momento de entregarlos. Su socarronería solía acompañar la entrega de mis composiciones  “¿Así que viajaste a Santiago con tus hermanos?  ¿Así es que fuiste a la playa y anduviste en bote?” No guardo en mi memoria  las burlas de mis compañeros, en cambio recuerdo el interés con el que un par de niñas  de mi fila leían esas composiciones y las creían ciertas.  Acicateado por esos recuerdos, y por el hechizo que me causó el lugar visitado en estas vacaciones, escribo esta “composición”, con la salvedad que todo es real y que tengo fotografías que me respaldan.</p>
<p>Estuve en Magallanes. La ciudad de Punta Arenas no me defraudó, hacía años que deseábamos conocerla y este año fue posible. Las Torres del Paine no me eran desconocidas, pues hace casi doce años mi amigo, el escritor Juan Mihovilovich , quiso compartir conmigo un viaje por tierra en el mes de abril. Fue un viaje maratónico y marcado por señales místicas. El parque estaba envuelto en brumas y me pareció una postal borrosa. A los pies del lago Grey, viendo caer los trozos gigantes de hielo  y mientras Juan caminaba hacia un mirador desde el cual creía que podía ver mejor el glaciar, imaginé que aquel bloque de hielo gigantesco era  un oso polar, o un barco fantasma detenido en el océano mientras sus  tripulantes caían  al mar vestidos de blanco  riguroso y se ahogaban  después  de flotar apenas un instante. Las olas parecían repetir los gruñidos del oso. Me tendí   en la arenisca de la orilla, crucé los brazos detrás de mi cabeza y miré el cielo tempranamente oscurecido mientras el agua llegaba   a mis zapatos en  diminutas oleadas empujadas  por el viento; no había nadie más, había terminado el verano y los turistas habían desaparecido. Pero esta vez el parque estaba diáfano, podíamos ver las torres, los cuernos y cuánta cumbre existe en ese lugar maravilloso. Las aves, los animales y el agua, mucha agua en sucesivos lagos y ríos. Pero el lugar  encantado que me esperaba estaba  al otro lado del estrecho de Magallanes : Tierra del fuego. Qué vastedades, qué silencios, que colores . Todo es gigantesco; el mar, las praderas ; todo es fascinante; el cielo, las montañas; todo es armónicamente solitario.</p>
<p>Mi hermano menor fue el guía de este viaje, nos hizo conocer el pequeño pueblo de Porvenir, donde  fue médico durante varios años y donde la gente lo trata con ese cariño que los pacientes sólo entregan cuando se han sentido escuchados, entendidos y acompañados, también nos llevó por el río   que originó la fundación de aquel pueblo durante la fiebre del oro y que aprisiona  en sus riberas  un descomunal y oxidado artilugio para dragar el río en busca de las pepitas, nos llevó por el Río Grande  y otros lagos donde solía ir a pescar, nos llevó al refugio del club de caza y pesca, donde  la Catalina nos  hizo recoger piedras del destino a orillas del lago Blanco   y nos cambió el itinerario diciéndonos que Usuahia  era sólo un bello lugar turístico al otro lado de la frontera, en cambio el cuarzo que arrojaba el lago Fagnano podría cambiar nuestras vidas. Bendita mujer, nos envió a una aventura de más de cinco horas durante las cuales  el vehículo se empinaba por caminos retorcidos que subían y bajaban dejando atrás  las praderas de coirones , adentrándose en montañas aún nevadas  ,en pastos más suaves y más verdes, en hermosos bosques de lengas , algunos de los cuales palidecían como esqueletos por obra y gracias de los castores. Abajo, casi imperceptible, asomaba el lago Deseado, más adelante , abriéndose paso hacia Argentina, el lago Fagnano . De regreso los guanacos saltaban al camino, algunos mantos de florecillas que no habíamos visto aparecían con la renovada luz del sol, las vertientes de agua pura caían  desde los cerros dinamitados por los militares que abrieron el camino.  Y lo mejor  de todo , la puesta de sol que parece interminable, porque se oscurece lentamente y hay tiempo para ver cómo cambian los colores en el cielo, como si uno jugara con un caleidoscopio. Yo había visto ponerse el sol en la Piedra del Aguila, en Nahuelbuta, con el cura Ignacio y el séquito   que lo escoltaba por esos rumbos. Esperábamos pacientes  y ceremoniosamente callados  hasta que el sol , como una moneda de oro, iba achatándose en el horizonte, un sol dorado,  cada vez más elíptico , cayendo vertiginosamente hasta que una especie de llamarada fugaz lo devoraba y desaparecía en el mar de Tirúa, como el oro que fundía mi abuelo en su taller de joyero. Pero el atardecer de Tierra del Fuego es distinto, el sol no se achata ni cae vertiginosamente, todo es lento , paciente y colorido, todo es limpio y transparente. Al anochecer nos esperaba el refugio y doña Catalina con dos truchas de buen tamaño , doradas en el quincho al fuego lento de la lenga. Frente al refugio hay unas islas donde los pescadores suelen hacer su agosto. Mi hermano no pudo negarse  al ofrecimiento  del  botero-pescador  y navegamos hacia ellas para  pescar y regresar cuando el lago empezaba a levantar olas que empujaban la embarcación y nos hacían dar tumbos. Tuve miedo y me aferré a los cordeles, como aquel verano inolvidable en  Punta Lavapié, cuando en una noche de farra sellé mi amistad con los esquivos pescadores declarándoles mi admiración por aquel oficio y revelándoles un falso sueño no cumplido : salir a pescar en la madrugada. No había dormido una hora cuando los golpes en la puerta y los gritos de mis nuevos  amigos me hicieron salir , aún adormecido, y calzarme las botas y la chaqueta de agua con que me esperaban. Cuando  arrancó el bote se me terminó de espantar la borrachera  y pensaba :”si se da vuelta el bote, puedo llegar  a las rocas y salvarme”. El bote se alejaba y mi única referencia con la tierra ahora era la silueta de los cerros. “Todavía puedo salvarme, me quito las botas y la chaqueta para quedar más liviano”. El motor aceleró, el bote dio unos golpes en las olas, el agua me mojó entero y ya no podría llegar a la orilla: “Señor, que se haga tu voluntad”. Y la voluntad del Señor fue que pescara con aquellos muchachos, que les ayudara a retirar las redes, que echara al interior del bote las mejores presas y tirara  las otras  y que volviera a mi casa, al amanecer,  con dos congrios gigantescos como pago por la faena y un grupete de amigotes para el resto del verano. El zodiac llegó al pequeño muelle del refugio , ayudamos a guardar el motor , el bote, los equipos; no es cosa de navegar, solamente.</p>
<p><a href="http://www.franciscoruiz.cl/wp-content/uploads/2011/03/0871.jpg" rel="lightbox[530]"><img class="alignleft size-medium wp-image-539" title="087" src="http://www.franciscoruiz.cl/wp-content/uploads/2011/03/0871-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a></p>
<p>Podría pasarme de las tres páginas en esta “composición”, y no quiero despertar el fantasma de aquella profe  mordaz y buena para el varillazo. Dejémoslo hasta aquí, reiterando el encanto del lugar, la grata compañía y esa especie de amor a primera vista con Punta Arenas.</p>
<p>Brindo por Tierra del Fuego, por su belleza aún silvestre, por las tuninas , saltando al lado del ferry en el estrecho de Magallanes, por los zorrros y ñandúes, por los flamencos,  los patos silvestres, el ñirre y los bosques de lenga, por el agua, los lagos y los castores , por los guanacos de inquietas carreras, por los mansos corderos que pueblan las estancias y por los primeros habitantes, esos indígenas que fueron cazados a balazos cuando los envenenamientos masivos y las enfermedades no lograban exterminarlos y los blancos se apoderaban de esas tierras del fin del mundo. Imposible no pensar en unos versos con que cierra el libro que me regaló hace  más de veinte años el poeta Juan Pablo Riveros, DE LA TIERRA SIN FUEGO :</p>
<p><strong>“¿Dónde están Onas? ¿Dónde</strong></p>
<p><strong>Yagán manso, leve Alacalufe?</strong></p>
<p><strong>¿Dónde hombres diligentes,</strong></p>
<p><strong>mujer tenaz?</strong></p>
<p><strong>¿No cogeréis más, gacela, dulce </strong></p>
<p><strong>Yagana , moluscos a la orilla del mar?</strong></p>
<p><strong>¿Dónde está tu pueblo, Temàuquel?</strong></p>
<p><strong>¿Dónde tus marinos, Watauinewa?</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Preguntádselo al Kolliot.</strong></p>
<p><strong>Murieron de Occidente”.</strong></p>
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		<title>2010</title>
		<link>http://www.franciscoruiz.cl/2010/12/2010-3/</link>
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		<pubDate>Fri, 24 Dec 2010 22:14:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>francisco</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Este no fue un buen año Ni siquiera para las palabras. No vinieron nunca a plena luz del día : Llegaron de noche y  se arrastraron Culebreando hasta  mi boca Y salieron generosas Por las lenguas encantadas de esos gatos Y caballos que me hablaban hasta el amanecer Precisas y elocuentes las palabras Pero al despertarme [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.franciscoruiz.cl/wp-content/uploads/2010/12/pájaro-de.jpg" rel="lightbox[503]"><img class="alignleft size-full wp-image-506" title="pájaro de" src="http://www.franciscoruiz.cl/wp-content/uploads/2010/12/pájaro-de.jpg" alt="" width="130" height="81" /></a></p>
<p>Este no fue un buen año<br />
Ni siquiera para las palabras.<br />
No vinieron nunca a plena luz del día :<br />
Llegaron de noche y  se arrastraron<br />
Culebreando hasta  mi boca Y salieron generosas<br />
Por las lenguas encantadas de esos gatos<br />
Y caballos que me hablaban hasta el amanecer<br />
Precisas y elocuentes las palabras<br />
Pero al despertarme ya no estaban<br />
Y era como si jamás hubieran sido.</p>
<p>Este no fue un buen año<br />
Personas a las que amé murieron<br />
Y otras morirán irremediablemente<br />
Agreguemos que a veces no me quedó otra cosa<br />
Que escupir mi propia sangre<br />
Y que en la estación del Metro estuve<br />
Varias veces a punto de desmayarme.<br />
(Para qué hablar de aquella mañana<br />
Cuando me perdí en el bosque<br />
Y fue como si todo hubiera oscurecido<br />
Y detrás de cada árbol me acechara un asesino)</p>
<p>Este no fue un buen año<br />
No tuve a quién enviar tarjetas con mis sentimientos<br />
Y sólo recibí correos con cadenas y palabras de desconocidos<br />
Y eso que reviso a diario mi correspondencia<br />
Esperando algo impreciso que me vuelque<br />
O me devuelva la emoción.</p>
<p>Este no fue un buen año<br />
Mi perro fue severamente mordido<br />
Por el león amaestrado de un pequeño circo familiar<br />
Instalado en el barrio donde vivo<br />
Y protegido por los niños que a cambio de monedas<br />
O paquetes de fideos robados a sus madres<br />
Ven a diario las piruetas del león,<br />
La cabra montañesa y el enano verde<br />
Faltando a clases bajo la mirada cómplice<br />
De sus profesores</p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>CANCION DE LA NIÑEZ (&#8230;y otras canciones)</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Dec 2010 11:11:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>francisco</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[        CANCION No es verdad, no existe el arcoiris, pero siempre añoro su mentira de oro       OTRAS CANCIONES             UNO Cuando es invierno y la lluvia moja el calendario de los pies hasta diciembre, daría todo porque estuvieras donde terminan  mis palabras.  DOS Si alguna vez una palabra [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://www.franciscoruiz.cl/wp-content/uploads/2010/12/naturebycelsojunior1.jpg" rel="lightbox[469]"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-470" title="naturebycelsojunior" src="http://www.franciscoruiz.cl/wp-content/uploads/2010/12/naturebycelsojunior1-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>CANCION</strong></p>
<p>No es verdad,</p>
<p>no existe el arcoiris,</p>
<p>pero siempre añoro</p>
<p>su mentira de oro</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>OTRAS CANCIONES</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>          UNO</strong></p>
<p>Cuando es invierno</p>
<p>y la lluvia moja</p>
<p>el calendario</p>
<p>de los pies</p>
<p>hasta diciembre,</p>
<p>daría todo porque estuvieras</p>
<p>donde terminan</p>
<p> mis palabras.</p>
<p> <strong>DOS</strong></p>
<p>Si alguna vez</p>
<p>una palabra tuya,</p>
<p>un gesto</p>
<p>o una mirada de melancolía;</p>
<p>si alguna vez tu risa,</p>
<p>me hubiese arrojado al abismo</p>
<p>de tu amor</p>
<p>como un acróbata suicida</p>
<p>                <strong> TRES</strong></p>
<p>En aquellos días</p>
<p>yo te amaba en secreto,</p>
<p>pacientemente</p>
<p>espiaba tus pasos</p>
<p>hasta que al fin</p>
<p>me paré frente a tu corazón</p>
<p>y murmuré mis últimas palabras</p>
<p>                      <strong> CUATRO</strong></p>
<p>De esta risa detenida</p>
<p>de estos besos moribundos</p>
<p>de estos cuerpos desnudos</p>
<p>a la luz del sol</p>
<p>no me quedará sino la sed</p>
<p>de conocer la felicidad</p>
<p>              <strong> CINCO</strong></p>
<p>Debajo de los eucaliptus</p>
<p>los amantes beben sus labios.</p>
<p>Encima de los eucaliptus</p>
<p>el viento reparte otro vereano.</p>
<p>                      <strong> SEIS</strong></p>
<p>Si acaso un beso tuyo cerrara mis párpados</p>
<p>Siacaso una palabra mía tocara a tu oído</p>
]]></content:encoded>
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		<title>MODERNIDAD</title>
		<link>http://www.franciscoruiz.cl/2010/11/modernidad/</link>
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		<pubDate>Wed, 10 Nov 2010 23:53:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>francisco</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[  Ahora las muchachas visten jeans y poleras ajustadas. Sin sostenes caminan por aquí, balanceando alegres sus redondos pechos. Y uno puede mirarlas directamente a los pezones  sin ruborizarse. Zumba el aire caliente del verano y en el árbol los insectos chupan persistentes  el dulzor de las cerezas. Así es la vida aquí, ahora ; [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> </p>
<p><a id="apf10" href="http://www.google.cl/imgres?imgurl=http://1.bp.blogspot.com/_MocqHdnRa08/TBOu2zogRII/AAAAAAAABCw/OFbF5rSecmY/s1600/VIEJO%2BVERDE%2B(%2B2009)%2B-%2BAcr%C3%ADlico%2Bsobre%2Btela,%2B100%2Bx%2B70%2Bcm.jpg&amp;imgrefurl=http://martaiballesteros.blogspot.com/2010_06_01_archive.html&amp;usg=__JQXMjTKwOJNTOSO7CkknXE_dUD8=&amp;h=1600&amp;w=1152&amp;sz=212&amp;hl=es&amp;start=51&amp;zoom=1&amp;itbs=1&amp;tbnid=9Dzd8YD2vMwU9M:&amp;tbnh=150&amp;tbnw=108&amp;prev=/images%3Fq%3Dviejo%2Bverde%26start%3D40%26hl%3Des%26sa%3DN%26gbv%3D2%26ndsp%3D20%26tbs%3Disch:1"></a></p>
<p><img src="http://t1.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcSoBT3SScMrhQf68R_kthIByTGzfL-p6jrfcvoCbGkHCRE4skndGa1b7fE" alt="" width="101" height="150" /></p>
<p>Ahora las muchachas visten jeans</p>
<p>y poleras ajustadas.</p>
<p>Sin sostenes caminan por aquí,</p>
<p>balanceando alegres</p>
<p>sus redondos pechos.</p>
<p>Y uno puede mirarlas</p>
<p>directamente a los pezones</p>
<p> sin ruborizarse.</p>
<p>Zumba el aire caliente del verano</p>
<p>y en el árbol los insectos</p>
<p>chupan persistentes</p>
<p> el dulzor de las cerezas.</p>
<p>Así es la vida aquí,</p>
<p>ahora ;</p>
<p>y uno mira todo ,</p>
<p> más viejo</p>
<p>y menos pudoroso.</p>
<p>(De: <strong>El Convoy del insomnio</strong>)</p>
]]></content:encoded>
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