junio 26 2010
SOCIEDAD Y EDUCACION: NO SE TRATA SOLO DE DINERO
(“Era tan pobre, que no tenía más que dinero” / Joaquín Sabina)
Cada vez que nuestro país se mide internacionalmente en algún tipo de prueba relacionada con calidad educacional, los medios de comunicación vuelven su mirada a los profesores y a sus directivos. Si seguimos estando a la cola de los ránkings , –nos dan a entender- ,se debe a que los primeros no tienen las competencias para enseñar y que los segundos carecen de liderazgo. Las voces de opinólogos, políticos y otros expertos en la materia , repetidas como ecos por los medios de comunicación, van por el mismo camino. Los propios padres y los alumnos suelen repetir la fórmula a fuerza de escucharla insistentemente. Después de los lamentos vienen los análisis y, finalmente, las acciones remediales a nivel de políticas públicas , las que, por lo general, se reducen al aumento de recursos económicos. El dinero para educación sigue aumentando , aunque casi nadie cree que los resultados mejorarán en el corto plazo. ¿Es que , acaso, estamos condenados a mantenernos en estos bajos resultados? No lo creo. Chile subirá en el ránking alguna vez, pero nuestros alumnos no serán mejores personas debido a un par de puntos más. Esa es la paradoja, pues la educación no consiste en saber más, sino en ser más .
El concepto de “buena educación” no puede reducirse a tener buenos resultados o buenas notas, eso es “pan para hoy, hambre para mañana”. La escuela está centrada en evaluar contenidos de asignaturas y/o disciplinas concebidas en la cultura de las transmisión del conocimiento (cuando el conocimiento sólo se encontraba en los libros), pero no evalúa aprendizajes que tienen que ver con aspectos claves de la formación humana que hoy se requieren para tener un desarrollo personal, social y laboral más pleno y humano : la creatividad, la perseverancia, la solidaridad, la capacidad de trabajar con otros, el respeto, la empatía, la resiliencia y otros factores claves del desarrollo no forman parte del currículo de las escuelas, de manera abierta; y si llegan a tener alguna presencia, no se están evaluando porque no revisten mayor interés para las políticas educacionales cuya presión va por el lado de los puntajes del SIMCE , la PSU , y quizás cuántas nuevas pruebas internacionales que obedecen a estándares para obtener recursos de la banca internacional o para ser aceptado en el club de los países desarrollados. De esta manera , y después de un par de décadas, muchos establecimientos han debilitado o simplemente abandonado su rol formativo. Y no es difícil caer en esta actitud, pues resulta cómoda: cualquier persona que se haya dedicado a la educación sabe que es más difícil hacerse cargo de la formación “integral” de los alumnos que de subir algunos puntos en las pruebas. Quedan, afortunadamente, escuelas y liceos que están centrados en la formación de las personas y que, por esa vía, y como consecuencia de ello, obtienen buenos resultados “académicos”. Esos son los establecimientos de calidad.
Nadie discute que nuestra sociedad chilena , -y también otras -, vive desde hace largo rato una profunda crisis, pero cuando evaluamos los logros en educación nos olvidamos de esa crisis. Eso no es justo. Hay una gran incompatibilidad entre lo que esperamos que nos entregue la escuela y lo que estamos construyendo cotidianamente como sociedad chilena : esperamos que la escuela forme jóvenes solidarios, pero como sociedad fomentamos el individualismo ; esperamos que la escuela forme jóvenes perseverantes, pero fomentamos la improvisación y el relativismo. Los medios de comunicación levantan modelos e ídolos desde la farándula y la subcultura y se concertan para entregarnos una imagen país donde todo es idiotez y consumismo, aparte de violencia e impunidad. Hace ya un buen rato que los padres están abandonando su rol formativo para no enfrentar a los hijos y corregirlos cuando están actuando indebidamente ¿quién quiere ser rechazado, criticado u odiado? ( todos queremos tener “ buena onda”, como en el chiste de Coco Legrand en el que aconseja a los esposos a comportarse siempre “de huevón” para no entrar en conflictos con sus esposas). Por eso se transa en las familias y se transa en la sociedad, porque deseamos que sea otro quien corrija (el profesor, el policía, el juez) , pero estando muy atento para reclamar contra ellos cuando su corrección nos parezca exagerada o dura (apoderados reclamando porque algunos profesores son exigentes o dan muchas tareas a sus hijos, vecinos lanzando insultos y piedras a los policías que ha detenido a un delincuente) Quedan en libertad personas que son un verdadero peligro, la TV presenta a los reos de las cárceles como víctimas en programas estelares , las autoridades hacen esfuerzos ridículos para dar la impresión de que todo está bien , que estamos blindados contra los males de la economía capitalista , que las pandemias están bajo control en nuestro país, que el transantiago no nos complicó la vida , que la dictadura no fue para tanto… Estamos viviendo la metáfora del vaso medio lleno de manera antojadiza. Hace rato que nadie pierde en las elecciones ni en las encuestas; allí donde debiéramos ver tristes a los perdedores y sonrientes a los ganadores, vemos a todos celebrando y asegurando que dos más tres son siete ; allí donde debiéramos ver castigo a los culpables de robar, violar o asesinar, vemos la famosa puerta giratoria. Para qué hablar del fútbol, donde estamos celebrando como histórico un resultado que es el mismo obtenido en el último mundial al que habíamos asistido, dejando de por medio, a diferencia del anterior, un reguero de botellas vacías, asados consumidos a la hora del desayuno, prendas de vestir tricolores y tantas otras cosas para el festín de quienes las venden y que arrendaron los servicios de los medios de comunicación para que nos empujaran como masas hacia las tiendas, supermercados y botillerías. Al mismo tiempo que ocurre esto, exigimos que la escuela tenga mejores resultados, como si los niños que asisten a ellas vinieran del planeta Marte y no de los hogares comunes y corrientes de nuestra sociedad. Queremos que los directivos , docentes y auxiliares de la educación hagan el milagro, como si la escuela fuera un “apartheid” y no sólo una extensión de nuestra sociedad . Aunque tengamos docentes más competentes, que habrá que tenerlos; y directores líderes, que habrá que tenerlos, el problema no estará resuelto.
Hay que poner más recursos, qué duda cabe; pero no se trata sólo de dinero . Tenemos que hacernos cargo de lo que nos está pasando como sociedad; es la sociedad la que forma, y la escuela es una especie de caja de resonancia de esa sociedad.. Mientras no revisemos y cambiemos esas normas y prácticas que nos están achatando, todas las reformas educacionales serán experimentos. Es factible que en algunos años más todos los establecimientos subvencionados estén por sobre los 250 puntos. Al contar con más dinero podrán hacer más ejercicios para el SIMCE o la PSU, y sus estudiantes estarán más familiarizados con las contenidos y estructuras de las preguntas; pero no serán, automáticamente, mejores personas, que es el fondo del asunto. ¿De qué nos vale encumbrarnos en los ránking internacionales si los países vecinos seguirán viéndonos como el nuevo rico , prepotente y vulgar ; como una “republiqueta” ?
Una reforma en serio, que ponga dinero en la mesa, pero , sobre todo , que ponga el sentido ; un sentido común, no el de grupos de expertos que jamás han hecho clases ni dirigido escuelas, pero tampoco sólo el de quienes han hecho clases y dirigido escuelas; no el sentido orientado por los medios de comunicación de masas, que jamás han expresado el sentir de las masas , sino lo que sus dueños quieren que sientan las masas. Un SENTIDO COMUN acordado por muchos y diversos actores de nuestra sociedad en una discusión ordenada, amigable, generosa y transparente que no tiene por qué estar supeditada al gobierno de turno : ése sí que sería un proyecto país para elaborarlo en el bicentenario y ponerlo en ejecución en las salas de clases: en nuestras casas, en nuestras calles, en nuestro país.
Francisco Ruiz Burdiles





