junio 01 2009
SEP y calidad
“Mi primera lectura de Joaquín Edwards Bello fue por imposición del profesor de castellano del Liceo.(…) Allí encontré, pese al casi medio siglo de diferencia, una semejanza casi exacta, en rasgos generales, de la situación liceana de 1950 con la de principios de siglo: la pedantería de muchos profesores, el estado de insalubridad de las salas, la promiscuidad, la enseñanza memorística, la introducción de esquemas mentales importados del exterior, el aburrimiento de soportar materias que se sabían inútiles. La enseñanza es una de las plagas del mundo, como el cáncer o la lepra; es lo antinatural. Los estudios nos embalsaman vivos, nos destruyen el aura americana . Así decía Edwards Bello cuando miraba el liceo de 1900, importado junto al paso de ganso y los cascos prusianos de Alemania, y así podríamos repetirlo los alumnos del 50. No creo, por lo demás, que la situación haya cambiado mucho en estos últimos tiempos. Siempre se está oyendo hablar de reforma, pero el enfermo sigue igual. Todavía hay alumnos que se suicidan en épocas de exámenes, y otros que podrían volverse locos como el muchacho que en el liceo porteño de tiempos de Edwatds Bello se sube al techo del WC para, antes de ser llevado al nosocomio , señalar: yo soy esporangio primero, rey de los pistalambres y de las culibranquias pentámeras, de los petaloidópilos, del andróceo y del gineceo. Vengo a declarar feroz guerra a los hipotenusios y a los catetófilos, de la crestomancia de Lope, para destruir todas las curcubitáceas con ritmo yámbico y pedúnculo aristolóquico”
( Jorge Teillier: Variaciones sobre obsesiones de J.E.B. 1968 )
Al leer el texto de Teillier pareciera que aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor” no se debe aplicar a la educación. Sin duda llevamos mucho tiempo con problemas, incluyendo la época de educación pública, con sus liceos emblemáticos y todo.
Posiblemente la discusión que se está dando en Chile sobre educación se haga más interesante y apasionada cuando nos pongamos de acuerdo en lo que entendemos por CALIDAD. Hasta ahora parece ser que lleva la delantera un concepto asociado a resultados, como antes a contenidos. Eso no es terrible, pero es insuficiente. Las frases del muchacho loco citadas en el artículo de Teillier suenan muy parecidas a ciertos términos con los que nuestros estudiantes deben lidiar en la PSU (anáfora, metonimia, pleonasmo, oxímoron, retruécano). Será interesante ver cómo evoluciona el concepto de CALIDAD que aplicaremos a la educación en los próximos años, en este proceso de post-reforma que estamos viviendo.
Mientras tanto la idea “calidad = resultados” sigue su curso, como si nada. . Miles de establecimientos básicos han terminado de elaborar sus planes de mejoramiento y ya comienzan la etapa de desarrollo con los recursos económicos adicionales que el Ministerio de Educación les ha entregado de acuerdo a la ley SEP (subvención escolar preferencial), una ley que nace originalmente para establecer una especie de equilibrio entre aquellos establecimientos que concentran a los estudiantes más pobres y aquellos en que se educan los niños con menos problemas . Una ley a la que , de paso, se le ha torcido un poco la nariz para que sea instrumental al SIMCE ; así, los primeros están recibiendo recursos adicionales por cada niño matriculado de condición “prioritaria” con el compromiso de llevarlo, en no más de cuatro años, a mejores resultados SIMCE . Son muchos recursos para una vieja aspiración: subir los resultados de aquellas escuelas que están bajo los 250 puntos; sólo que ahora, por primera vez, las escuelas deberán responder en un lapso de 4 años por el uso de estos recursos. Las que no logren subir, podrían desaparecer.
Me llama la atención la poca cobertura que ha tenido en los medios la aplicación de la ley SEP . He advertido más preocupación de los medios por la posibilidad de que otros profesionales puedan hacer clases en reemplazo de profesores (como si algún abogado, médico, ingeniero u otro iba a cambiar de trabajo para ir a realizar clases por un valor promedio de tres mil pesos la hora hecha) que por este proyecto que se está gestando bajo sus narices. La ley SEP ha puesto a trabajar a las escuelas en la realización de diagnósticos relacionados con la calidad y velocidad en la lectura y la comprensión lectora, además de matemática y aquellos aspectos institucionales o de “gestión” que están impidiendo mejores resultados. Sobre la base de esos diagnósticos cada escuela, por sí misma o con la ayuda de asistencia técnica certificada por el MINEDUC , se ha planteado metas a 4 años en los puntajes SIMCE y debe elaborar anualmente un plan de mejoramiento que incluye desde lápices y gomas hasta sofisticadas pizarras interactivas , pasando por fotocopiadoras , laboratorios , asistencia técnica, capacitaciones y ayudantes para las salas de clases.
Como es habitual, esta ley comenzó a implementarse en las escuelas sin que los profesores la conocieran bien ni supieran las consecuencias de los compromisos firmados por los sostenedores. Una serie de dificultades técnicas en la plataforma virtual en que se debían consignar los datos ha causado , además, un retraso de tres meses y ha puesto a prueba una vez más la confianza de los profesores en el MINEDUC.
El experimento SEP puede dar una sorpresa favorable respecto de los puntajes, usando menos recursos que los que se han invertido por décadas en la educación pública y con un seguimiento adecuado y apoyo constante. Los recursos están, y eso puede hacer la diferencia. Respecto al otro componente de la “calidad”, el que me interesa más, no aparece en la intencionalidad de la ley SEP. Sin embargo nadie dice que no se pueda incorporar en estos planes de mejoramiento con la misma importancia con que se están comprometiendo puntajes. Esta es una buena oportunidad para incorporar aspectos valóricos, formativos y recreativos que fortalezcan la autoimagen de niñas y niños vulnerables; hablo de las expresiones del arte, del deporte, de las acciones sociales y culturales en que se forjan el emprendimiento, la responsabilidad, la perseverancia, y otros indicadores de la “calidad”. Ojalá los equipos docentes a cargo de estos planes aprovechen bien sus recursos económicos y los incluyan; no sea cosa que de manera similar a lo ocurrido en la JEC nos llenemos otra vez de contenidos y al final de todo estemos convencidos de que hemos alcanzado buenos resultados cuando un muchacho nos recite “ yo soy esporangio primero, rey de los pistalambres y de las culibranquias pentámeras, de los petaloidópilos, del andróceo y del gineceo. Vengo a declarar feroz guerra a los hipotenusios y a los catetófilos, de la crestomancia de Lope, para destruir todas las curcubitáceas con ritmo yámbico y pedúnculo aristolóquico
Francisco Ruiz B.





