Una marinera quiere navegar
por las aguas quietas de mi soledad.
Ella dice “sí”, yo le digo “no”,
no, porque en mi mar
no hay un puerto donde anclar.

Marinera, marinera,
marinera, marinera,
cuida que tu barca
no vaya a naufragar (bis)

Siento que la proa
de tu barca me recorre
y mis aguas se agitan
como una tempestad.
En mi playa alguien me espera,
y no puedo permitir
que de pronto, marinera,
tú te adentres tanto en mí.

Marinera, marinera,
marinera, marinera,
cuida que tu barca
no vaya a naufragar (bis)

Mira, marina,
ya no puedo ver, ni quiero,
si en mi playa alguien me espera:
¿ qué has hecho tú de mí ?
Sólo quiero, marinera,
alejarme de mi costa
y de tu mano, marinera,
navegar hacia alta mar.

Marinera, marinera…

(1977)