Tú no puedes oír el canto de estos pájaros,
ni puedes saber del color de estas mariposas
que vuelan el parque y se instalan
en la verde primavera, primavera.

Tú no puedes verme sentado en este banco,
en la media tarde de la gran ciudad,
huyendo de lobos feroces
que me obligan a la soledad

Pero yo tampoco puedo verte y se hace tarde.

Ten cuidado a la salida de la escuela:
hay enanos que se llevan a las niñas como tú,
hay gigantes que rompen los huesos
de las hijas más alegres,
y tú debes saber que los gritos
que la sangre y aún las rosas
pueden ser mortales

Por eso, continúa recortando figuritas
con tus tijeras de puntas  redondeadas:
y en cuanto aprendas a escribir
avísame que no es verdad que allá
los niños se nos mueren de melancolía.

( 1986)