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Francisco Ruiz Burdiles » Blog Archive » Antología de la niñez ( I )
17
Sep

Antología de la niñez ( I )

Categoría: Sin categoría

Oler las floresEsta es una antología con las poesías que  fui encontrando en las distintas etapas de mi vida y que me llevaron a cultivar esta expresión artística como una de las mejores armas para combatir la sobrevivencia. Ya sea por la musicalidad, al comienzo, como por las formas y las imágenes, después;  estas poesías son parte de mi identidad literaria.
He querido compartirlas en tres ediciones; la primera tiene que ver con aquellas que llamaron mi atención en mi niñez-adolescencia;  la segunda , en mi  juventud-adultez;  y la tercera , en mi plena madurez. Toda antología es un ejercicio egoísta , ésta también, pero puede ser que encuentren versos perdidos o se animen a conocer otros. Feliz lectura.

YO VOY SOÑANDO CAMINOS

Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!…
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero…
-la tarde cayendo está-.
“En el corazón tenía
“la espina de una pasión;
“logré arrancármela un día:
“ya no siento el corazón”.
Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.

La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea
se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir:
“Aguda espina dorada,
“quién te pudiera sentir
“en el corazón clavada
(Antonio Machado)

MUERTE DE ANTOÑITO EL CAMBORIO


Voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
Voces antiguas que cercan
voz de clavel varonil.
Les clavó sobre las botas
mordiscos de jabalí.
En la lucha daba saltos
jabonados de delfín.
Bañó con sangre enemiga
su corbata carmesí,
pero eran cuatro puñales
y tuvo que sucumbir.
Cuando las estrella clavan
rejones al agua gris,
cuando los erales sueñan
verónicas de alhelí,
voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
Antonio Torres Heredia.
Camborio de dura crin,
moreno de verde luna,
voz de clavel varonil:
¿Quién te ha quitado la vida
cerca del Guadalquivir?
Mis cuatro primos Heredias
Hijos de Benamejí.
Lo que en otros no envidiaban,
ya lo envidiaban en mí.
Zapatos color corinto,
medallones de marfil,
y este cutis amasado
con aceituna y jazmín.
¡Ay, Antoñito el Camborio,
digno de una Emperatriz!
Acuérdate de la Virgen
porque te vas a morir.
¡Ay Federico García,
llama a la guardia civil!
Ya mi talle se ha quebrado
como caña de maíz.

Tres golpes de sangre tuvo
y se murió de perfil.
Viva moneda que nunca
se volverá a repetir.
Un ángel marchoso pone
su cabeza en un cojín.
Otros de rubor cansado
encendieron un candil.
Y cuando los cuatro primos
llegan a Benamejí,
voces de muerte cesaron
cerca del Guadalquivir
(Federico García Lorca)
LO FATAL


Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque ésta ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos…!
(Rubén Darío)
  

AUN ES TIEMPO QUE VENGA  
Aún es tiempo que venga la que he aguardado tanto.
Huyó la primavera, pasó el verano ardiente,
descoloró el otoño las hojas del acanto
y el cierzo no me trajo noticias de la ausente.
Enfermo de la vida, con un piadoso manto
me ha de abrigar, si viene, como a un convaleciente;
disipará las sombras del torvo desencanto,
tendrá mimos de hermana para enjugar mi frente.
Con dulzura ingenua, el soñado amor mío,
confortador del alma, quien mi endeblez sostenga
será en las inquietudes del más allá sombrío.
¡Para vida tan corta, la espera es ya muy luenga!
¡La que evoqué en mis horas de soledad y hastío,
aún es tiempo que venga, aún es tiempo que venga!
(julio Vicuña)

 MIRADA RETROSPECTIVA

Al llegar a la página postrera
de la tragicomedia de mi vida,
vuelvo la vista al punto de partida
con el dolor de quien ya nada espera.
¡Cuánta noble ambición que fué quimera!
¡Cuánta bella ilusión desvanecida!
¡Sembrada está la senda recorrida
con las flores de aquella primavera!
Pero en esta hora lúgubre, sombría,
de severa verdad y desencanto,
de supremo dolor y de agonía,
es mi mayor pesar, en mi quebranto,
no haber amado más, yo que creía,
¡yo que pensaba haber amado tanto!

(Guillermo Blest Gana)

TARDE EN EL HOSPITAL

Sobre el campo el agua mustia

cae fina, grácil, leve;

sobre el campo cae angustia:

llueve.

Y pues solo en amplia pieza

yazgo en cama, yazgo enfermo,

para espantar la tristeza,

duermo.

Pero el agua ha lloriqueado

junto a mi, cansada, leve;

despierto sobresaltado;

llueve.

Entonces, muerto de angustia,

ante el panorama inmenso,

mientras cae el agua mustia,

pienso.

(Carlos Pezoa Véliz)

EL AMOR JUNTO AL MAR

En mi silencio azul lleno de barcos
sólo tu rostro vive.
En el mar de la tarde el día duerme.
Eres más bella cuando estoy más triste.
Tiembla mi amor como una voz antigua
sobre la calma verde.
El sol cantando como los pastores
te dio su melodía hasta la muerte.
¡Oh tus cabellos en la tarde de ámbar!
Cerca de tu pureza soy más blanco.
Sé que jamás tu corazón sencillo
latirá en la tristeza de mis manos.
Eres más bella cuando estoy más triste.
En mi desgracia largamente vivo.
Soy en el desamor tan desolado
como los continentes sumergidos.
Tu áurea cabeza brilla
en la tarde sutil soledosa.
¡Pobre mi corazón que está llorando
y hasta su Dios se va como una ola!
Más allá de la vida,
triste como una selva abandonada,
miro irse las horas
en las lunas, los pájaros y el agua.
Tu corazón sonríe
sin mirar mi fatiga.
¿Te arrancaron los ojos
en qué calle siniestra de la vida?
Yo me iba al futuro
con los brazos abiertos en la luz,
como se van las almas de los muertos…
¡Voy al futuro caminando aún…l
Como a un infante solo
te llevé de la mano
por mis sendas dormidas
en un claro perfume de alicanto.
En haces de centellas
fulgió mi corazón. ¡No lo miraste!
Más allá de la vida está llorando
(Angel Cruchaga)

ALMA
Alma, no me digas nada,
que para tu voz dormida
ya está mi puerta cerrada.
Una lámpara encendida
espero toda la vida tu llegada.
Hoy…
la hallarás extinguida.
Los fríos de la otoñada
penetraron por la herida
de la ventana entornada.
Mi lámpara estremecida
dio una inmensa llamarada.
Hoy…
la hallarás extinguida.
Alma…no me digas nada
que para tu voz dormida
ya está mi puerta cerrada
(Juan Guzmán Cruchaga)

BALADA
Él pasó con otra;
yo le vi pasar.

Siempre dulce el viento
y el camino en paz.

¡Y estos ojos míseros
le vieron pasar!

El va amando a otra
por la tierra en flor.

Ha abierto el espino;
pasa una canción.

¡Y él va amando a otra
por la tierra en flor!

El besó a la otra
a orillas del mar;

resbaló en las olas
la luna de azahar.

¡Y no untó mi sangre
la extensión del mar!

El irá con otra
por la eternidad.

Habrá cielos dulces.
(Dios quiere callar.)

¡Y él irá con otra
por la eternidad!

(Gabriela Mistral)

EN PAZ
Artifex vitae, artifex sui

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales coseché siempre rosas.

Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tan sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas…

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!
(Amado Nervo)

EL VIAJE DEFINITIVO

Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando;
y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincon de aquel mi huerto florido y encalado,
mi espiritu errará, nostalgico.

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.
(Juan Ramón Jiménez)

RIMA LIII
Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres…
¡esas… no volverán!.

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.

Pero aquellas, cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día…
¡esas… no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido…; desengáñate,
¡así… no te querrán!

(Gustavo Adolfo Bécquer)

CANCION DEL PIRATA

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, el Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

La luna en el mar rïela,
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Stambul:

«Navega, velero mío,
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés,
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

(José de Espronceda)

 

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